RADIO BICENTENARIO
(Temporada 2008-2009)
 

 

Onda Cero Zaragoza, 5ª época, programa nº 22

Emitido el viernes 20 de febrero de 2009

Interviene: Paco Escribano y José Antonio Alaya.
                 
 Con la colaboración de Mariángel Pérez y Santiago Gonzalo (P. Basilio Boggiero).
 

Para facilitar la descarga del archivo de sonido, lo hemos dividido en dos partes.     I Parte     II Parte

 

 

ZARAGOZA 2008: BICENTENARIO DE LOS SITIOS

 
  AGENDA.
 

Hasta el 29 de marzo. Centro de Historia

Exposición fotográfica: “Sarajevo: el último asedio”, de Gervasio Sánchez.

Fundación Zaragoza 2008.

ENTRADA LIBRE.

Hasta el 8 de marzo. Casa de los Morlanes

Exposición fotográfica: “La Zaragoza del Bicentenario”

Ayuntamiento de Zaragoza.

ENTRADA LIBRE.

Hasta el 24 de mayo. La Lonja y Palacio de Sástago.

Exposición central del Bicentenario:

“Los Sitios de Zaragoza”.

Fundación Zaragoza 2008.

ENTRADA LIBRE.

21 de febrero, 11,45 h. Plaza del Portillo - Palacio de la Aljafería.

Conmemoración del 200º aniversario de la Capitulación: Ofrenda floral en el lugar donde se entregaron las armas.

A.C. “Los Sitios de Zaragoza”

ENTRADA LIBRE

22 de febrero, 12h.

Basílica del Pilar.

Acto Religioso por las víctimas de Los Sitios. Misa in tempore belli de Haydn..

Fundación Zaragoza 2008

ENTRADA LIBRE.

22 de febrero, 19 h. Hotel Goya, C/ Cinco de Marzo, 5.

Tertulia sobre “El papel de la mujer en Los Sitios de Zaragoza”. Interviene Nuria Marín (A.C. “Los Sitios de Zaragoza”)

Foro Humanístico Aragonés / A.C. “Los Sitios de Zaragoza”

ENTRADA LIBRE.

23 de febrero, 12 h. Murallas C/ Asalto.

Presentación del plano turístico de Los Sitios.

Fundación Zaragoza 2008.

ENTRADA LIBRE.

Del 26 de febrero al 20 de marzo. Paraninfo de la Universidad.

Exposición de José Luis Cano: Dibujos originales de su libro "Las Sitiadas"·

Fundación Zaragoza 2008

ENTRADA LIBRE.

Del 24 de febrero al 20 de marzo. Paraninfo Universidad.

Exposición "Miradas sobre la Guerra de la Independencia”.

Biblioteca Nacional de España y Fundación Zaragoza 2008

ENTRADA LIBRE.

 

Puede encontrar la agenda actualizada de los actos de todo el año, no sólo con los ya confirmados, sino también con otros en diversas fases de organización y que incluso podrían no llegar a realizarse en:


 

CRÓNICA DE ZARAGOZA, LUNES 20 DE FEBRERO DEL AÑO DEL SEÑOR DE 1809
62º DÍA DE ASEDIO A LA CIUDAD


Titulares:

-                CAE EL ARRABAL, LOS FRANCESES BOMBARDEAN EL CORAZÓN DE LA CIUDAD.

-                CONTINÚAN LOS DUROS COMBATES EN EL COSO.

-                EL GENERAL PALAFOX CAE ENFERMO Y CEDE SUS PODERES A UNA JUNTA.

-                ENTREVISTAMOS AL PADRE BASILIO BOGGIERO.

 

ZARAGOZA RESISTE.

Zaragoza continúa resistiendo. Una semana más, comenzamos nuestro programa con estas palabras. Pero parece que la resistencia está llegando a su fin. El enemigo se ha asentado firmemente en el Coso, tanto en el entorno del convento de San Francisco como en la Universidad, donde también ha caído la iglesia de la Trinidad y todo el barrio de las Tenerías. Pero lo más grave es la pérdida del Arrabal, ocupado en un ataque fulminante. Recordemos las palabras dicha hace siete días por el Barón de Warsage.

 

GRABACIÓN DE WARSAGE: El Arrabal es fundamental, si cae estamos perdidos, me pondré al frente de las fuerzas...

 

A las ocho de la mañana del pasado día 18, la artillería comenzó a disparar contra el Arrabal y contra el muelle con más de cincuenta bocas de fuego, alcanzando el palacio del arzobispo y la iglesia de Nuestra Señora del Pilar. Varias porciones de bóveda de este último edificio se hundieron y sembraron de fragmentos el pavimento de la nave. Mientras, una batería situada en la orilla derecha, batió al mismo tiempo el puente para interceptar la comunicación del Arrabal con la ciudad; de hecho, el propio Barón de Warsage murió por el impacto de una bala en este punto cuando acudía para tomar el mando del Arrabal.

Tras un intenso bombardeo, a mediodía había abiertas cuatro brechas en las endebles murallas que formaban el recinto del Arrabal: dos en las primeras casas, cerca del muro de cierre del convento de San Lázaro; una en la iglesia de este convento, y la cuarta en el cercado del convento de Santa Isabel, al otro lado de la carretera de Barcelona. Tres columnas se lanzaron sobre ellas y, pese a la encarnizada resistencia de los nuestros, ocuparon los grandes conventos que articulaban toda la defensa de nuestra cabeza de puente. Las tropas francesas se dirigieron al estribo del puente del Ebro, cortando la comunicación entre la ciudad y el arrabal y permitiendo así su total ocupación. Se cree que cientos de defensores han caído prisioneros.

Los ingenieros franceses han construido un parapeto con cestones y sacos de tierra  en el estribo del puente y están asentando piezas prácticamente enfrente de la iglesia del Pilar y el Palacio arzobispal, donde se encuentra nuestro cuartel general. De hecho, el propio general Palafox ha debido ser evacuado desde ese punto, pues desde hace días se encuentra enfermo.

 

Para conocer el estado general de la ciudad y el de la salud de nuestro Capitán General, nos acompaña su preceptor, el Padre Basilio Boggiero, al que acompaña nuestro compañero Paco Escribano:
 

-                 ¿Cómo se encuentra el General? Muy enfermo, es joven y fuerte, confianza en la Virgen...

-        Ha cedido sus poderes a una junta formada por notables de la ciudad y el Ejército, entre ellos Vuestra Eminencia ¿cómo ve la labor a desarrollar? Complicada, hay que valorar los medios con que se cuenta, confianza en el buen sentido, patriotismo y lealtad de personas como Pedro María Ric, los generales Butler y Sant March, el Duque de Villahermosa...

-        ¿Es posible continuar la resistencia?. Pueblo zaragozano ha mostrado su valor y determinación, franceses muy desgastados tras tantos días de combates, auxilio divino de nuestra santísima patrona y madre, su santo templo peligra. Zaragozanos, no necesitáis auxilio alguno para vencer a tan poquísimos enemigos como nos sitian, subid a las torres, tended la vista con vuestros anteojos, mirad que es vergüenza estemos oprimidos por tan pocos, conoced el engaño, sed verdaderos hijos del Pilar.

-        Caso de caer la ciudad en manos franceses, ¿teme por su vida? Sólo soy un siervo de Dios, no temo nada, la Virgen me ampara....
 

CONFIDENCIAL.

La epidemia está matando a 600 personas diarias, hay miles de soldados y paisanos enfermos, apenas queda trigo ni pólvora...

Se ha recibido a un oficial francés para parlamentar, Palafox ha cedido poderes a la junta y muchos de sus miembros están dispuestos a capitular. Ahora mismo no hay bombardeo, pues se cree que se ha pedido una tregua.

En el Cuartel General ya se ha perdido toda esperanza de llegada de refuerzos. Esto se acaba...


FUENTES:

-      ALCAIDE IBIECA, A. Historia de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años de 1808 y 1809 las tropas de Napoleón.

-      BELMAS, J. Zaragoza, 1808 y 1808. Los Sitios vistos por un francés. Comuniter, 2003.

-      CASAMAYOR, F. Años políticos e históricos de las cosas sucedidas en Zaragoza (1808-1809), Comuniter, 2008.

-      CASAMAYOR, F. Diario de Los Sitios. Comuniter, 2000.

-      LAFOZ, H. (ed.) Manifiestos y bandos de la Guerra de la Independencia en Aragón I. Los Sitios de Zaragoza. Comuniter, 2005.
 


Proclama de Palafox animando a los zaragozanos a tener energía.

La patria os llama, hijos de Zaragoza: no irritemos el auxilio divino de nuestra santísima patrona y madre, su santo templo peligra, vuestras vidas apreciables, vuestros hogares, mujeres e hijos penden de vuestro valor y esfuerzo, ¿cuál es nuestra obligación? ¿cuáles nuestros deberes ?¿dejamos arrancar de nuestras manos lo más precioso de nuestra existencia por escuchar la más disimulada intriga que nos incita a la cobardía, o resolvernos a defender nuestras propiedades?

Reflexionad, Zaragozanos, volved en vosotros mismos, no consultéis con nadie sino con vuestro mismo corazón y obligaciones. Si queréis, no necesitáis auxilio alguno para vencer a tan poquísimos enemigos como nos sitian, subid a las torres, tended la vista con vuestros anteojos, mirad que es vergüenza estemos oprimidos por tan pocos, conoced el engaño, sed verdaderos hijos del Pilar.

Si creéis que en mí no hay energía para sostener el alto encargo que habéis fiado a mi cuidado, desechad ese error; sabed que soy benigno con vosotros porque os amo, y creed que en mí hay constancia, y que sólo el ser hijo de Zaragoza anima y enciende mi valor hasta el extremo de que os juro que jamás seré esclavo, y que no serviré a otro rey que a mi legítimo Fernando VII y a mi patria.

Con este conocimiento vosotros me arrancasteis de mi retiro para defender la ciudad y el reino; acepté muy gustoso tan pesada carga confiado en vuestro valor; si ahora me dejáis en la ocasión más crítica, os ha de abominar el mundo, que sabe que nada he omitido, ni omitiré para conservar la libertad de la ciudad, y de vuestras familias, dignas de mejor suerte que la que os prepara la seducción con la timidez y cobardía; y estad seguros que el valor se necesita para que se aproximen nuestros socorros, cuando éstos lleguen: debemos ayudarnos, debemos hacer un esfuerzo vigoroso para auxiliarles, pues si nos ven quietos, la intriga del enemigo podrá hacerles creer vuestra timidez, y de este modo burlar vuestro buen celo, y perdernos.

El que sea patricio, el que sea buen español preséntese con su arma, el soldado a sus puntos, el paisano a los puestos señalados, como lo acreditasteis en el sitio pasado; y pues sois valientes, en un momento, en pocos instantes serán confundidos los enemigos, destruida su intriga, acreditado vuestro valor, cumplido el voto del aragonés al santo templo del Pilar (voto que no debe profanarse con la timidez), y libre la ciudad de la esclavitud vergonzosa en que la ponen algunos enemigos domésticos, que Dios mismo descubrirá para su castigo, como ha hecho ya con otros. Bien sé, trabajarán aun con vosotros, y que oiréis voces de timidez, las mismas que os hacen abandonar a cada instante escandalosamente vuestros puestos; pero el que no se presente a la defensa de la patria será indigno de ella, y con razón merecerá todo menosprecio, no le miraré como hijo de Zaragoza, y estoy seguro que María Santísima del Pilar no amparará ni le hará acreedor a los beneficios que nos preparan nuestros hermanos los Americanos en las cuantiosas sumas que ofrecen para reparar las pérdidas públicas y particulares de esta ciudad (objeto de la universal atención), y que llevará en su frente el distintivo de ser despreciable a los ojos de Dios y de los hombres.

Cuartel general de Zaragoza, 10 de febrero de 1809. Palafox.
 

Diario de Los Sitios. Basado en el Diario de Faustino Casamayor.

 

Lunes 13 de febrero

La noche fue muy quieta, y aun toda la mañana, hasta cosa de las 10, que habiendo dado fuego a una mina desde las casas derruidas detrás del Hospital, fue a reventar junto la casa de Tarazona esquina a la calle de San Andrés, pero sin llegar al edificio, por lo que no se atrevieron a salir a acometernos, ni tampoco a recoger los muertos de junto a la Puerta del Sol, entre los cuales había un Comandante y el tambor que entró tocando a degüello.

Al medio día se echó un pregón de orden de Su Excelencia mandando que dentro de una hora se reuniese toda la tropa y paisanos al Puente de Piedra, y aunque acudió bastante gente se mando suspender hasta la mañana siguiente.

Los muertos se aumentaron, siendo preciso mandarlos enterrar, por no verlos en las calles y puertas de las Iglesias hacinados, la mayor parte desnudos, sacándolos de los hospitales y casas; por lo que se mandó llevarlos en carros a los cementerios de los Conventos y Parroquias, por no poder salir ya de la Ciudad. Las preces siguieron en ambos Templos.
 

Martes 14 de febrero

Muy por la mañana acudió la tropa y gran número de paisanos al Puente de Piedra, y a cosa de las 10 avisó el Mariscal de Campo Barón de Warsage que podían retirarse por haber pasado al otro lado del Ebro los enemigos. Pero habiendo intentado acometer hacia la Universidad, se les mandó pasar allá, pero luego que los vieron se retiraron precipitadamente.

En el Coso hubo fuego todo el día, logrando apoderarse del Convento de San Francisco, desde cuya torre estuvieron continuamente tirando. En el de Jesús colocaron una batería de seis cañones de batir contra el Palacio de Su Excelencia, y en el Arrabal hubo una guerrilla en la que nos mataron al Capitán Don Mariano Lucas Aced, labrador de la compañía del famoso Tío Jorge Ibort, de los más briosos y que era de toda la confianza del General, cuya pérdida le fue muy sensible.

Este día llegaron las cosas a tal extremo y apuro que no se hallaba para comer ni para sanos y enfermos, y el pan tan escaso que fue preciso poner guardia en los hornos para no dar sino un sueldo a cada uno, y comiendo el Soldado galleta.

Había aumentado tanto el número de enfermos y muertos que pasaban de 300 al día, sin poder administrárseles el Santo Viático por el riesgo de las bombas, siendo igualmente escasísimo el número de médicos, aunque las enfermedades no eran epidémicas, pues la mayor parte morían de poquedad de ánimo, porquería y miseria. En la Santa Capilla siguieron las preces, y a devoción de algunos particulares se limpió de las enronas.

 

Miércoles 15 de febrero

La noche anterior siguieron los enemigos sus malditas intenciones, volando la casa inmediata a la de Tarazona, llamada de Asín, a las 12 dadas, a que se siguió un tiroteo desde las casas de frente y San Francisco al que se les correspondió, como igualmente de bombas y granadas, abriendo una brecha en la pared de la Universidad, pero sin atreverse a pasar a ocuparla. Nuestro amado General se sintió algo indispuesto, lo que ya fue anuncio de nuestras desgracias, siguiendo las enfermedades, muertos y las carestías de todas las cosas hasta lo sumo, con una aflicción general.

 

Jueves 16 de febrero

Amanecimos sin novedad más que la acostumbrada de granadas, balas y bombas que sin cesar un instante estaban tirando contra el Palacio de Su Excelencia, con la particularidad de haber una bala rasa quebrado la cadena que servía de cuerda al reloj de la torre de la Seo, lo que después hizo mucha falta.

Volaron también unas casas de las inmediatas a la Puerta del Sol, y aunque intentaron pasar a este lado, no lo consintió el valor de nuestros paisanos. En el Coso fue grande todo el día el tiroteo, y tantas las bombas y granadas que no se podían contar. El rumbo de enfermos y muertos siguió como siempre, y nada se adelantó en beneficio de la humanidad, a pesar de la vigilancia de los Jefes y de nuestro amado General, que en medio de su indisposición no perdonaba cuidado ninguno en nuestro favor.

Viernes 17 de febrero

Nuestro amado General continuó hoy bastante indispuesto, siéndole preciso hacer cama y tomar un vomitivo, remedio el más usado en las actuales enfermedades, de las cuales sólo en su Palacio había 21 enfermos, en sala separada y al cuidado de 5 Religiosos Cartujos que se ofrecieron a tan caritativo ejercicio.

El fuego enemigo siguió como siempre y hubo muchas voladuras de casas en el Coso, y mucha parte del Convento de San Francisco. Sin embargo, una mujer se atrevió a entrar hasta la Capilla de la Sangre de Cristo, y tomando una bandera de las cuatro que figuraban las partes del Mundo, avisó a unos hombres y pudieron sacar la Efigie de Nuestro Señor en la Cama que servía para las funciones de Semana Santa, y con ella y dos hachas la llevaron a Palacio ante el Capitán General, quien la reverenció y adoró aunque en cama, y mandó se llevase con hachas y se colocase dentro de la Santa Capilla, lo que se verificó, colocando la misma cama junto al rejado, frente al altar de los Santos Convertidos, en disposición que pudieran los fieles besar su mano por el rejado.

Este día acabó el enemigo de organizar las baterías contra esta ciudad y todas de grueso calibre, no cesando de causar mil estragos con tanta bala rasa, bombas y granadas. Continuaron los enfermos, y muertos en mucho aumento, lo que nos tenía en un continuo sentimiento y amargura.

 

Sábado 18 de febrero

Este fue un día grande de fuego que padeció Zaragoza y de que no hay memoria, acometiéndonos con toda la furia de su Ejército por la parte del Convento de Jesús. Habiendo salido el Barón de Warsage, Cuartel Maestre General, a breve rato fue herido gravemente de cuyas resultas murió al siguiente día.

La acción quedó decidida a favor de los franceses, los que se posesionaron del Convento de San Lázaro y de todo el Arrabal, ocupando toda nuestra artillería, la que seguidamente jugaron terriblemente por toda la ribera del Ebro, lo que obligó a hacer salir a Su Excelencia de su Palacio y conducirlo, enfermo como estaba, a una casa particular de la calle de Predicadores por lo mucho que el fuego atemorizaba; lo que unido a lo que los minadores trabajaron volando la mayor parte del Palacio del Conde de Aranda y otras muchas casas, pusieron esta Ciudad en el último apuro de consternación.

Por todo ello, a la noche se tuvo Junta de Generales y de varios vocales del Real Acuerdo, para tratar la situación por los enfermos, muertos y demás tristes y apretadas circunstancias, que no daban resquicio alguno de mejorar nuestra suerte desgraciada, por lo que determinaron convocar para el día siguiente a los Curas y Lumineros de las Parroquias para conferenciar sobre un asunto tan interesante.

 

Domingo 19 de febrero

Desde muy de mañana no se oía otra cosa que ruidos y desgracias de casas voladas y arruinadas, que con la tan grande furia de granadas y bombas nos estaban continuamente tirando. En este apuro vino un Oficial Francés a intimar la entrega de la Ciudad, pues ya se veía su fatal estado; pero aunque se reunieron los Cuerpos, Generales y Autoridades, no se convinieron, esperando aún poder hacer más defensa, con cuya contestación irritados los enemigos aumentaron el fuego tan vivamente, que desde luego se combinó tratar de la entrega para el día siguiente si no se proporcionaba casualmente algún nuevo recurso.

La Junta fue presidida por el Señor Regente Ric, por haberse agravado bastante nuestro General. Habiendo también ocupado el enemigo el Colegio de San Vicente y el de la Trinidad, se atemorizó tanto aquel vecindario que todo él quedó desamparado, no viéndose por las calles sino carros y caballerías cargadas de ropas que los trasladaban a lo interior, llevando así mismo sus enfermos en camas y sillas, lo que causaba la mayor tristeza, aumentándola sobre manera los muertos que en carros se sacaban desnudos, y la mayor escasez de víveres no sólo para los enfermos, sino para los sanos, todo lo que llegó a apurar la cosa en términos de no quedar ya ningún arbitrio.

 

Lunes 20 de febrero

Hoy llegó Zaragoza al alto grado de heroicidad y sufrimiento, pues habiendo sufrido con el ánimo más constante un diluvio de bombas, granadas y balas rasas y no teniendo ya otro recurso, reunidos sus vocales, mandaron un parlamentario pidiendo 24 horas de treguas al general francés, cuya respuesta fue de que, no capitulando dentro de dos horas, iba a entrar atacando y a discreción. Como no se le contestó, empezó el más terrible bombardeo y cañoneo que se había oído en todo el sitio, pues en ese corto espacio de tiempo que fue de 3 a 5 de la tarde arruinaron muchísimas casas y causaron infinitas muertes, con tal exceso que la campana del reloj no podía dar todos los avisos.

Por lo que al ver la cosa en tan último apuro, no poder sufrir tantas desgracias como a cada paso se veían y oían, estar toda la tropa amilanada y casi muerta, acudieron los vocales a Su Excelencia, el que, siguiendo en su indisposición con bastante aumento, confirió todas sus facultades a la Junta, la cual, convenida en los puntos más conformes a la religión, al honor de esta ciudad y su benemérito vecindario, hizo poner bandera parlamentaria en la Torre Nueva, con cuya novedad cesó inmediatamente aquel fuego tan infernal y furioso y se presentó un oficial francés.

Reunido éste con los comisionados, que lo fueron los señores regente de la Audiencia, el caballero Intendente, el marqués de Fuenteolivar, el brigadier D. Manuel Peñas, inspector de infantería, y el teniente coronel D. Mariano Cerezo, gobernador del Castillo, pasaron a presentarse al mariscal Lannes, duque de Montebello, general en jede del ejército francés a la Casablanca, y otorgaron la siguiente capitulación que firmaron ya alta noche.

Carta de Capitulación de la Ciudad de Zaragoza

Art.1º. La guarnición de Zaragoza, saldrá mañana 21 a medio día de la ciudad con sus armas por la puerta del Portillo, y las dejarán a cien pasos de dicha puerta.

Art. 2º. Todos los oficiales y soldados de las tropas españolas harán juramento de fidelidad a Su Majestad Católica, el rey José Napoleón primero.

Art. 3º. Todos los oficiales y soldados que hayan prestado el juramento de fidelidad quedarán en libertad de entrar en el servicio en defensa de Su Majestad Católica.

Art. 4º. Los que de entre ellos no quisieren entrar en el servicio, irán prisioneros de guerra a Francia.

Art. 5º. Todos los habitantes de Zaragoza, y los extranjeros, si los hubiere, serán desarmados por los alcaldes, y las armas puestas en la puerta del Portillo el 21 al medio día.

Art. 6º. Las personas y las propiedades serán respetadas por las tropas del emperador y rey.

Art. 7º. La religión y sus ministros serán respetados, y serán puestos centinelas en las puertas de los principales templos.

Art. 8º. Las tropas francesas ocuparán mañana al mediodía todas las puertas de la ciudad, el castillo y el Coso.

Art. 9º. Toda la artillería y las municiones de toda especie serán puestas en poder de las tropas de Su Majestad el emperador y rey mañana al mediodía.

Art. 10º. Todas las cajas militares y civiles (es decir, las tesorerías y cajas de regimiento) serán puestas a la disposición de Su Majestad Católica. Todas las administraciones civiles y toda especie de empleados harán juramento de fidelidad a Su Majestad Católica.

Art. 11º. La justicia se distribuirá del mismo modo y se hará a nombre de Su Majestad Católica el rey José Napoleón primero.

Cuartel General delante de Zaragoza a 20 de Febrero de 1809.

El Mariscal Lannes Duque de Montebello, Mariscal en Jefe.

Don Pedro María Ric, Presidente de la Junta.

 

Éste fue el éxito de un sitio de dos meses completos, que tantos daños, ruinas y muertes ha causado a esta Ciudad, quedándole a sus hijos la gloria de haberla defendido hasta lo sumo, y que sólo el ser cristianos les pudo hacer ceder, conociendo ser voluntad de Dios y de su Santísima Madre, pues de otro modo, ni el fuego, ni la hambre, ni ninguna de tantas calamidades como en dicho tiempo se han sufrido, ni aun la misma muerte, hubieran logrado lo que la prudencia y conformidad católica les hizo sucumbir a la ley del vencedor.

 

Martes 21 de febrero

Al siguiente día amanecimos inundados de franceses, quienes cometieron algunos robos en las casas que encontraron abiertas; pero habiendo acudido al General Frere, Comandante de la tropa, y al General Labal, Gobernador de la Plaza quedó todo contenido. La tropa francesa ocupó todos los puestos de guardia y se desarmó a todo el Vecindario. El Mariscal Lannes recibió a todos los cuerpos y Diputaciones de la Ciudad, a los Comisionados del Cabildo, y Ayuntamiento, Curas y Prelados de las Religiones, a quienes se manifestó muy benévolo, y obsequioso.

Este día murió mucha gente de aflicción al saber se había capitulado; por todo lo ocurrido, no ver gente por las calles, todas las casas cerradas y los víveres muy escasos, era la Ciudad el espectáculo más melancólico, que nadie se puede figurar.
 


Relato de BELMAS del 18 de febrero de 1809

 

Ataque del Arrabal. A las ocho de la mañana, la artillería comenzó a disparar contra el Arrabal y contra el muelle con cincuenta y dos bocas de fuego, repartidas entre las baterías nº 23, 26, 27, 28, 29, 30, 31 y 32. Las dos baterías nº 27 y 28 lanzaron bombas sobre el Arrabal y sobre la ciudad, donde alcanzaron el palacio del arzobispo y la iglesia de Nuestra Señora del Pilar. Varias porciones de bóveda de este último edificio se hundieron y sembraron de fragmentos el pavimento de la nave; fue una escena de desolación para el pueblo de Zaragoza. La batería nº 14, situada en la orilla derecha, batió al mismo tiempo el gran puente del Ebro para interceptar la comunicación del Arrabal con la ciudad; el barón de Warsage murió por el impacto de una bala en este puente, en el momento que acudía para tomar el mando del Arrabal. La batería nº 29 forzó al enemigo a abandonar la que en el Arrabal tenía, en su extremo derecho, al borde el Ebro, y perforó de parte a parte las dos primeras paredes de los jardines situados enfrente, cerca del convento de San Lázaro. Pero tal era el encarnizamiento de los españoles, que cada agujero que hacían las balas en estas paredes se convertía para ellos en aspilleras que aprovechaban para descargar sus fusiles. Obligados al fin a retirarse al convento de San Lázaro, detrás del muro de cierre de este convento, resistieron durante más de tres horas, aunque este edificio estaba acribillado de parte a parte por nuestras bombas. Tras la retirada del enemigo el general Gazan hizo avanzar a veinticinco granaderos que ocuparon la batería española y se establecieron en dos casitas a lo largo del Ebro.

A mediodía, cuatro brechas se encontraban abiertas en las endebles murallas que formaban el recinto del Arrabal, a saber: dos en las primeras casas, cerca del muro de cierre del convento de San Lázaro; una en la iglesia de este convento, y la cuarta en el cercado del convento de Santa Isabel, situado al otro lado de la carretera de Barcelona. En este último convento, la batería nº 31 había comenzado por abatir una puerta carretera que daba al patio. Esta puerta quedó destruida, pero los paisanos la levantaron y la sostuvieron con sus brazos. Una nueva salva de la batería la derribó una segunda vez y una segunda vez fue levantada. Para poner fin a esta maniobra, se batieron en brecha los pilares de la puerta. Un montón de cadáveres se encontró detrás de esta puerta que, cada vez que caía, aplastaba en su caída a los que la sostenían.

Se formaron tres columnas de las tropas reunidas en las trincheras para el asalto. A la señal dada, estas columnas se lanzan. La primera, formada por un batallón del 103º, se divide: cinco compañías, teniendo a la cabeza un destacamento de veinticinco zapadores bajo las órdenes del capitán Clerget, escalan la brecha más próxima al convento de Jesús, se adueñan de la casa y se dirigen detrás de la segunda brecha que abren al acceso de las otras compañías que la atacaban de frente. La segunda columna asaltó la brecha hecha en la iglesia del convento de San Lázaro; pero esta brecha se había abierto demasiado alta y ofrecía un desnivel que hubiera sido imposible de franquear bajo el fuego del enemigo si la primera columna, guiada por el capitán Clerget, no se hubiese dirigido hacia el flanco del convento por el cercado interior, a pesar del fuego terrible que hacía el enemigo desde el muelle de la orilla derecha. Tras un sangriento combate en la iglesia y en la gran escalera, los defensores huyeron en desorden. Al mismo tiempo, la tercera columna atacaba el convento de Santa Isabel y apoderándose de él. Entonces, nuestras tropas saliendo de las casas, se dirigieron al estribo del puente del Ebro. A causa de este movimiento, todo lo que quedaba de los españoles en la cabeza del Arrabal fue hecho prisionero así como un gran número de fugitivos, que retrocedidos hacia el alto Ebro, no habían podido, como otros, escapar en las barcas bajo la protección del fuego de la ciudad. Tomaron dos mil quinientos hombres y diecisiete piezas de cañón en esta brillante acción que no nos costó más que ochenta hombres fuera de combate, de los cuales ocho zapadores.

Desde que nos adueñamos del Arrabal, el coronel de ingenieros Dode ordenó construir en el estribo del puente un parapeto con cestones y sacos de tierra, con una comunicación por detrás hasta el convento de San Lázaro, para protegerse de la metralla de dos piezas que el enemigo tenía en la orilla derecha, en la puerta del Angel.

 

Ataque de la derecha. Desde la mañana, nos desplegamos a la derecha de la calle Mayor en el patio de la tenería donde se habían tornado posiciones la víspera. Nos adueñamos de un gran cobertizo detrás del muro del que se encontraba el enemigo. Se hizo estallar un petardo bajo este muro y se ocuparon las casas adyacentes. El enemigo expulsado fue perseguido en sus propias comunicaciones hasta la última casa de la manzana. Este movimiento de retirada, le obligó a abandonar las trincheras y las baterías que tenían en la cabeza del arrabal de las Tenerías.

En la calle de las Arcadas se acabó la perforación de la torre de la antigua muralla que paraba nuestros trabajos de zapa a la derecha de esta calle y se arrojó por esta abertura una gruesa bomba que expulsó al enemigo. Perseguimos a los españoles hasta la casa vecina, la penúltima de la manzana, pero no pudimos mantenernos en esta casa. Un zapador murió y tres fueron heridos. A mediodía, se hizo aún una tentativa infructuosa contra la casa donde se apoyaba la travesía del Coso, a la izquierda de la calle de las Arcadas.

Hacia las tres de la tarde, en el momento en que la toma del arrabal de la orilla izquierda del Ebro extendía el terror en la ciudad, se prendió fuego a las dos grandes minas preparadas bajo la Universidad y dispuestas desde hacía tres días; cada una estaba cargada con mil quinientas libras de pólvora. Habiendo producido la explosión dos grandes aberturas en el muro de la iglesia, cinco compañías de elite del 14' ligero y del 2º del Vístula formando dos columnas se precipitaran hacia allí, a pesar del fuego del parapeto del Coso, cerca de la puerta del Sol. Los españoles ofrecieron poca resistencia, el edificio fue ocupado enteramente y nos desplegamos hasta la iglesia de la Trinidad que conservaba el enemigo. Se comenzó en el Coso, en la prolongación de la calle Alcover, un parapeto con sacos de tierra para cubrir, contra el parapeto de la derecha, la comunicación con la Universidad. Se presentó entonces para atacar por décima vez la casa que protegía esta travesía. El enemigo se retiró, y se ocupó sin disparar una sola bala, al atardecer. Tuvimos en estas acciones dos hombres muertos y siete heridos, entre los cuales un oficial del Vístula y tres zapadores; debido, sobre todo a los fragmentos de la explosión, a pesar de la precaución que se había tomado de mantener los puestos alejados.

 

Ataque del centro. Se retomó el ataque intentado vanamente los días anteriores contra las casas situadas detrás de nosotros, entre las calles de Zurradores y Santa Catalina, de donde se expulsó a los españoles. Un oficial y un soldado de las guardias valonas fueron hechos prisioneros. Tuvimos un hombre muerto y seis heridos, dos de ellos zapadores.

A la izquierda de la calle de Santa Engracia tomamos, en el macizo del que formaba parte el palacio de Fuentes, una casa que incendiamos para aislar nuestra izquierda.
 

Relato de BELMAS del 20 de febrero de 1809

 

Ataque de la derecha. Desde por la mañana nos desplegamos en la manzana de casas comprendida entre la calle Subida del Sepulcro y el recinto del arrabal de las Tenerías. Las dos piezas de la cortadura cayeron decididamente en nuestro poder. El enemigo volvió con trescientos hombres para recuperarlas, pero fue vivamente rechazado. Puso entonces fuego desde todas las partes para frenar nuestro progreso. Tuvimos dos zapadores muertos y algunos hombres heridos, dos de los cuales eran oficiales polacos.

En la orilla izquierda, nuestro cañón había hecho una pequeña abertura en la casa donde se apoyaba la primera cortadura del muelle de la orilla derecha, frente al estribo del antiguo puente de madera. Cuando el mariscal Lannes dio la orden de atacar esta casa, hacia las tres de la tarde, cincuenta polacos se dirigieron hacia allí a descubierto a lo largo de la muralla de la ciudad. Como encontraron el corte abandonado penetraron en la casa, pero ya habían tenido quince hombres fuera de combate. Un destacamento de zapadores fue enviado en su socorro para ayudarles a atrincherarse y a establecer comunicaciones; afortunadamente para ellos, el sitio finalizó pocas horas más tarde.

 

Ataque del centro. Continuamos estableciéndonos en la manzana de casas del palacio de Aranda, tomada la víspera, y se colocó una galería de mina bajo el convento de Santa Catalina, situado detrás de esta manzana. Se terminaron cinco ramales que pasaban por diferentes lugares bajo el Coso desde la izquierda de sus establecimientos en el convento de San Francisco hasta la calle de Santa Catalina y se establecieron hornillos allí.

La ciudad estaba acorralada; la hora de su rendición había llegado. La víspera, Palafox, enfermo de la fiebre, había dejado su autoridad en las manos de una junta, compuesta por cuarenta miembros, bajo la presidencia del regente de la Real Audiencia, don Pedro María Ric. Esta junta se reunió durante la noche para deliberar sobre la suerte de la plaza. Reconoció que no había ninguna esperanza de ser socorridos, que los aprovisionamientos de pólvora estaban consumidos y que dos molinos establecidos por Palafox, que proporcionaban apenas doscientos cincuenta kilogramos por día, no podían abastecer las necesidades de la infantería y de la artillería. La ciudad todavía disponía de grano, pero carecía de molinos y se encontraba en una carestía completa de otros productos de primera necesidad. La epidemia provocaba espantosos estragos; cada día morían entre seis y setecientos individuos.

Sin embargo, el espíritu popular tenía todavía a la junta en suspenso y pasó cierto tiempo antes de que algún miembro osara hablar de rendición. Por fin el 20, a las cuatro de la tarde, la junta, a pesar de la oposición de ocho miembros que todavía querían defenderse, envió al mariscal Lannes un parlamentario para pedir un armisticio de veinticuatro horas para redactar los artículos de la capitulación. El mariscal ordenó cesar el fuego y envió a la junta un oficial para comunicarle que se dirigiera dentro de dos horas a su cuartel general para hacer su sumisión y decirle que, pasado este término, no escucharía ninguna proposición. El presidente y algunos miembros acataron esta condición: salieron por la puerta del Ángel y, haciendo el recorrido de la ciudad por el lado del Castillo, se dirigieron a pie hasta las grandes esclusas del Canal Imperial. El mariscal Lannes les reprochó las desgracias de Zaragoza y, enseñándoles sobre un plano la línea de nuestros puestos avanzados, anunció que seis hornillos dirigidos bajo el Coso y cargados cada uno con tres mil libras de pólvora estaban listos para estallar simultáneamente, destruyendo así lo que quedaba de la ciudad; que cincuenta bocas de fuego, situadas en la orilla izquierda y dirigidas contra ella, estaban dispuesta a destruirla a cañonazos; en fin, que estaba todo dispuesto para un ataque general que tendría lugar al mediodía del día siguiente. Zaragoza no podía soportar tantas miserias: la guerra había agotado sus esfuerzos. La junta se sometió. El mariscal Lannes dictó una convención que fue firmada por los miembros presentes. La diputación regresó pero, temiendo el furor del pueblo, no se atrevió a entrar en la ciudad y se quedó en el Castillo. El general Guillelmi, antiguo capitán general depuesto por Palafox, fue sacado de su prisión y conducido hasta el mariscal Lannes, así como el conde de Fuentes y otras personas que habían sido encarceladas desde el comienzo del sitio como sospechosas de ser partidarios de los franceses.