RADIO BICENTENARIO
(Temporada 2008-2009)
 

 

Onda Cero Zaragoza, 5ª época, programa nº 21

Emitido el viernes 13 de febrero de 2009

Interviene: Paco Escribano y José Antonio Alaya.
                  
Con la colaboración de Mariángel Pérez, Gonzalo Aguado (Mosén José Martínez) y Juan Carlos Cortés
                   (Barón de Warsage).
 

Para facilitar la descarga del archivo de sonido, lo hemos dividido en dos partes.     I Parte     II Parte

 

 
ZARAGOZA 2008: BICENTENARIO DE LOS SITIOS
 
  AGENDA.
 

Hasta el 28 de febrero. C.C. “Tío Jorge”

Exposición fotográfica: “Un año de Bicentenario en el Arrabal”

A.V. “Tío Jorge Arrabal”.

ENTRADA LIBRE.

Hasta el 29 de marzo. Centro de Historia

Exposición fotográfica: “Sarajevo: el último asedio”, de Gervasio Sánchez.

Fundación Zaragoza 2008.

ENTRADA LIBRE.

Hasta el 8 de marzo. Casa de los Morlanes

Exposición fotográfica: “La Zaragoza del Bicentenario”

Ayuntamiento de Zaragoza.

ENTRADA LIBRE.

13 de febrero, 20 h. Stadium Casablanca.

Charla: “El martillo y el yunque: los generales franceses ante Zaragoza”. Santiago Gonzalo (A.C. “Los Sitios”).

Stadium Casablanca

ENTRADA LIBRE.

14 de febrero, 12 h. Iglesia de Altabás.

Oficio religioso 200º aniversario de la muerte de Mariano Lucas "Tío Lucas".

A.V. “Tío Jorge- Arrabal”

 

14 de febrero, 18 h. Plaza del Justicia (Iglesia de Santa Isabel de Portugal)

Procesión cívico-religiosa: Rescate del Cristo de la Cama: Pza. Justicia (acto, placa María Blánquez), Pza España (acto recuerdo al convento San Francisco), Jaime, Pza Seo (acto, palabras del Gral Pinto), Basílica del Pilar (Cristo hasta el 25 febrero).

Hermandad de la Sangre de Cristo.

ENTRADA LIBRE.

18 de febrero, 19,30 h. Ámbito Cultural de El Corte Inglés

Presentación del libro Zaragoza 1808-1809, La defensa exterior, de José A. Pérez Francés, XXIII Premio “Los Sitios de Zaragoza” (2008)

A.C. “Los Sitios de Zaragoza”. Colabora Institución “Fernando el Católico”

ENTRADA LIBRE

19 de febrero, 12 h. Puente de Piedra

Acto conmemorativo del 200º aniversario de la muerte del Barón de Warsage.

Ayuntamiento de Calatayud

ENTRADA LIBRE.

19 de febrero, 20 h. Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

ENTREGA DISTINCIONES:

· Medalla Socio Honor (Parroquia Portillo, Banda Provincial y Baronesa de Warsage)

· Diploma Mérito (Ámbito Cultural, Colegio “Agustina de Aragón” y Sergio Sánchez)

· Premio investigación histórica (José Mª Fernández, Cofrades Santo Sepulcro).

· Premio a jóvenes (Julia Calvo, Adrián Castrillo, Pablo Gómez y Álvaro González)

A.C. “Los Sitios de Zaragoza”

ENTRADA LIBRE

Del 20 de febrero al 24 de mayo. La Lonja y Palacio de Sástago.

Exposición central del Bicentenario:

“Los Sitios de Zaragoza”.

Fundación Zaragoza 2008.

ENTRADA LIBRE.

21 de febrero, 11,45 h. Plaza del Portillo - Palacio de la Aljafería.

Conmemoración del 200º aniversario de la Capitulación: Ofrenda floral en el lugar donde se entregaron las armas.

A.C. “Los Sitios de Zaragoza”

ENTRADA LIBRE

 

Puede encontrar la agenda actualizada de los actos de todo el año, no sólo con los ya confirmados, sino también con otros en diversas fases de organización y que incluso podrían no llegar a realizarse en:


 

CRÓNICA DE ZARAGOZA, LUNES 13 DE FEBRERO DEL AÑO DEL SEÑOR DE 1809
55º DÍA DE ASEDIO A LA CIUDAD
 

Titulares:

-                CONTINÚAN LOS COMBATES EN EL CRUZ DEL COSO Y LA MAGDALENA.

-                LOS FRANCESES OCUPAN EL CONVENTO DE JESÚS Y BOMBARDEAN EL CORAZÓN DE LA CIUDAD.

-                DÍAS DE LUTO EN LA CIUDAD.

 

ZARAGOZA RESISTE.

Zaragoza continúa resistiendo. Comenzamos nuestro informativo con estas palabras, las mismas que hace siete días y que lo dicen todo. Pese al inmisericorde y continuo bombardeo; pese a las explosiones provocadas por miles de libras de pólvora colocadas en minas, bodegas y casas; pese al avance de la epidemia, que deja nuestras calles llenas de cadáveres insepultos; pese a todo, Zaragoza resiste. Siempre con la esperanza de la llegada de refuerzos exteriores, los zaragozanos siguen acudiendo al llamado de las campanas y los bandos para cerrar las brechas abiertas por los invasores. Así hacen suyas las palabras del General Palafox en su proclama del día 10, cuando afirmaba “que sólo el ser hijo de Zaragoza anima y enciende mi valor hasta el extremo de que os juro que jamás seré esclavo, y que no serviré a otro rey que a mi legítimo Fernando VII y a mi patria”.

 

Los combates son muy intensos en las Tenerías, donde se lucha casa por casa. Los imperiales han conseguido llegar al Coso entre la Puerta del Sol y el Seminario, frente a la Puerta de Valencia y la Magdalena. Sin embargo, han fracasado todos sus intentos de cruzar esta calle, incluida la explosión de una gran mina, ayer a las tres de la tarde, bajo los cimientos de la Universidad. Dos columnas de batallón que pretendían entrar por las brechas entraron a bayoneta calada y tocando a degüello por las calles de las Arcadas y San Agustín. Pero al salir a la de la Puerta del Sol fueron batidos por los paisanos y en breve quedaron muertos más de 50 y muchos más heridos. Habiendo acudido más paisanos a la novedad, se ensangrentaron contra ellos con tanto furor que los hicieron huir precipitadamente y con mucha ignominia, durando la acción más de dos horas. Se tiene noticias de que están asentando cañones de a 12 en las calles para batir las casas defendidas por nuestros valientes paisanos.

 

DECLARACIONES DE MOSEN JOSE MARTINEZ, REGENTE DE S. MIGUEL, QUIEN MANDA UNA UNIDAD CON 200 PAISANOS DE SU FELIGRESÍA:
La situación está muy mal, muy mal. No se cómo podemos seguir haciendo frente a los franceses. Los edificios vuelan por las minas de los franceses y el bombardeo es constante. Ahora hemos construido improvisadas barricadas con libros de la universidad y milagrosamente los estamos conteniendo. Durante casi un mes les hemos logrado detener en su avance desde el convento de San Agustín hasta el Coso, pero ahora es más difícil porque la calle es más ancha y pueden avanzar en formación, utilizando cañones y con un fuego muy concentrado sobre nuestros parapetos. Del batallón universitario que defendía esta zona apenas quedan un puñado y parecen más bien fantasmas con las caras demacradas y los ojos desorbitados. Esta guerra es un espanto, pero vamos a defender Zaragoza hasta el final. ¡¡ZARAGOZA NO SE RINDE!...!.
 

Otro escenario de fuertes combates es el de la Cruz del Coso. En nuestro anterior programa dimos cuenta en directo de un asalto francés a las ruinas del Hospital General. Desde ese momento los combates han sido continuos y muy duros en esa zona, pues los franceses intentan extenderse hacia ambos lados del Coso, que sin embargo no han podido cruzar. Han ocupado algunas casas por la parte de Santa Catalina y el palacio del Conde de Fuentes, aunque el hecho más destacado fue la explosión de una gran mina bajo el convento de San Francisco el pasado día 10. Con ello pudieron introducirse en sus dependencias, aunque aún no lo han ocupado en su totalidad. Desde ese punto están intentando ocupar la casa del Conde de Sástago, pero la resistencia de nuestras tropas lo ha impedido hasta el momento.

 

En los últimos días ha cobrado protagonismo el Arrabal, donde hasta ahora no se habían producido combates de relevancia desde el 21 de diciembre. El pasado miércoles se produjo el asalto francés al convento de Jesús, que fue ocupado después de una trabada lucha. El intento de explotar ese éxito con un ataque a San Lázaro y el molino de Torner fue rechazado. Sin embargo, las nuevas posiciones han permitido a los imperiales asentar baterías con las que están disparando de continuo sobre el Palacio Arzobispal, la Real Audiencia y el Pilar. Los enemigos se están preparando para atacar los conventos de Santa Isabel y San Lázaro, y esta misma mañana se ha hecho un ejercicio de movilización de reservas junto al Puente de Piedra; se ha anunciado otro similar para mañana

 

Para ampliar esta información, conectamos con nuestro compañero Paco Escribano, que se encuentra en el Cuartel General, ubicado precisamente en el Palacio Arzobispal: 

-                 Me encuentro con el Barón de Warsage, Cuartel Maestre General, en un balcón del palacio sobre el Ebro, viendo los
 movimientos franceses al otro lado del río.

-          ¿Cómo se puede valorar la situación? Grave, gran parte de la guarnición enferma, muchos heridos y pocos alimentos, esperanza en
  llegada de ejércitos de refuerzo desde Cataluña...

-          Estamos viendo que los franceses se han asentado firmemente en el Convento de Jesús; ¿es peligroso?. Mucho, el Arrabal es
  clave para seguir resistiendo. Permite bombardear el corazón de la ciudad, concentrar esfuerzos...

-           Acaba de volver de esa generala junto a la Puerta del Ángel, ¿qué tal ha ido? Muy bien, se han presentado muchos voluntarios.
  Hay que confiar en que caso de ser necesario, podremos contar con ellos para cerrar cualquier penetración en el Arrabal....
 

DÍAS DE LUTO.

Siguen siendo días de luto, con cientos de muertos por la enfermedad. En los últimos días son de destacar los fallecimientos del muy ilustre señor don Francisco Zamora Fernández Treviño, coronel retirado de Guardias Valonas, el señor Juan Pablo Azlor de Aragón y Pignatelli, hermano del Duque de Villahermosa y edecán de Su Excelencia  y de sólo 18 años, el muy ilustre señor don Joaquín Tomás Cavero Cerdán y Manrique, Conde de Sobradiel. Y nos informan del fallecimiento esta mañana de la excelentísima señora doña Petronila Villavicencio de Villavicencio, también de la Casa de Villahermosa.

Las cosas están llegando a tal extremo y apuro que no se halla para comer y el pan es tan escaso que se ha puesto guardia en los hornos para no dar sino un sueldo a cada uno, y comiendo el Soldado galleta. Ha aumentado tanto el número de enfermos y muertos, que no se les puede ni administrar el Santo Viático por el riesgo de las bombas. La mayor parte mueren de poquedad de ánimo, porquería y miseria. Por no ver los cadáveres en las calles y puertas de las iglesias hacinados, la mayor parte desnudos, se ha mandado llevarlos en carros a los cementerios de los Conventos y Parroquias.
 


FUENTES:

-      ALCAIDE IBIECA, A. Historia de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años de 1808 y 1809 las tropas de Napoleón.

-      BELMAS, J. Zaragoza, 1808 y 1808. Los Sitios vistos por un francés. Comuniter, 2003.

-      CASAMAYOR, F. Años políticos e históricos de las cosas sucedidas en Zaragoza (1808-1809), Comuniter, 2008.

-      CASAMAYOR, F. Diario de Los Sitios. Comuniter, 2000.

-      LAFOZ, H. (ed.) Manifiestos y bandos de la Guerra de la Independencia en Aragón I. Los Sitios de Zaragoza. Comuniter, 2005.
 


 

Diario de Los Sitios. Basado en el Diario de Faustino Casamayor.

 

Martes 7 de febrero

Después de una noche de un fuego espantoso, vino el día el que siguió con gran tesón, habiendo colocado un cañón de a 24 frente al muro de la Puerta de Valencia, con el cual abrieron una grande brecha, minando al mismo tiempo parte de la Parroquia de San Miguel; pero nuestros Ingenieros les salieron al encuentro, matándoles bastantes y haciéndoles retirar de sus proyectos.

Todo el día nos estuvieron tirando muchas bombas y granadas desde las baterías del otro lado del Ebro. Se fue aumentando el número de los paisanos a los que Su Excelencia iba animando a la defensa.

Siguieron las preces en ambas Iglesias, y estos días se careció de carne aun para los enfermos, y de orden de Su Excelencia se mandó no se vendieran las gallinas más que a 4 pesetas, pues las llegaron a vender a 8 reales, siendo para los enfermos, los que se aumentaron tanto y se morían tanto de la Tropa como del Vecindario, lo que causaba el mayor desconsuelo, llegando ya hasta faltarles el alimento y asistencia aun de sus mismos interesados.

 

Miércoles 8 de febrero

A las 8 de la mañana empezaron las baterías enemigas del otro lado del Ebro a vomitar granadas y balas contra el Palacio de Su Excelencia, acometiendo al mismo tiempo el Convento de Jesús, y molino de Torner, el que ocuparon, de donde se pasaron al de San Lázaro; pero habiendo tocado la generala y alarmádose el vecindario se empezó una acción que duró todo el día, logrando desalojarlos de San Lázaro y molino de Torner, cogiéndoles dentro cinco prisioneros, y encerrarlos en el de Jesús, matándoles muchos, cuyas gorras y pantalones se trajeron como trofeos de la victoria.

Al anochecer volaron un trozo de casas inmediatas al Santo Hospital y enseguida se dio principio a un grande tiroteo desde las dichas ruinas, y aunque lo intentaron no pudieron lograr internarse en el Coso, antes murieron muchos y huyeron los restantes, lo que se debió a la tropa y paisanos que había en San Francisco.

Hoy todo fue fuego y Zaragoza padeció lo que no será creíble sino a los que lo han visto, causando tantas ruinas en los edificios que parecía iban todos abajo. En este día se vieron como en otros ataques a toda clase de gentes, así eclesiásticos como regulares, atacar al enemigo, acreditando un acendrado patriotismo.

La Iglesia del Pilar se llenó de enrronas por el daño que hicieron las bombas que taladraron las bóvedas y pinturas de los óvalos de encima de la Sacristía y de la Capilla de Santa Ana, cuyo destrozo causó tanto estruendo que parecía se iba todo abajo, rompiendo los confesonarios, hundiendo el suelo y llenando la Iglesia de un humo tan denso que la obscureció toda, apagando sus lámparas, desquiciando sus paredes y aun los mármoles de sus zócalos, que todo será un monumento perenne de esta catástrofe, pero no fue bastante tanto riesgo para separar la gente de los pies de nuestra Patrona, ante cuya Santa Imagen se cantó la letanía mayor y demás preces, pidiéndole su patrocinio y amparo, y lo mismo se hizo en la Seo con el Señor Expuesto.

 

Jueves 9 de febrero

Toda la noche siguió el fuego arrojando bombas, y granadas sin cuento, y aunque no hubo en este día ataque formal, no dejó de ser continuado el tiroteo, así en las ruinas de la Plaza de la Magdalena como en las casas voladas detrás del Santo Hospital de gracia. Continuando siempre los muchos enfermos y muertos, siendo hoy entre ellos el Señor Don Juan Pablo Azlor de Aragón, hermano del Señor Duque de Villahermosa y Edecán de Su Excelencia.

 

Viernes 10 de febrero

El fuego siguió sin la furia anterior, no oyéndose sino la fusilería de una y otra parte. Pero a pesar de eso, de las pocas bombas que nos tiraron cayó una dentro de la Iglesia del Pilar que, sin reventar, se introdujo por la Capilla de San Antonio.

Antes del medio día repitieron el fuego de obuses y morteros contra el Palacio del General, con tanta furia que no se podía pasar, y volaron la casa llamada del Cuadro de la Soledad y la inmediata, que habían quedado de las anteriores voladuras, cuyo desplome mató al Presbítero Don Antonio Gil, Comandante de 30 Paisanos que estaban en aquel punto.

Nos hicieron un vivo fuego desde las ventanas de las casas, que duró toda la tarde y noche sin intermisión, tirando al mismo tiempo infinidad de bombas y granadas cuyo beneficio hace hoy un mes se está disfrutando.

Fue este día muy triste y melancólico al ver lo mucho que se internaban, y los infinitos muertos que por todas las calles se encontraban como abandonados, especialmente en las puertas de algunos templos, y también ver el templo del Pilar tan lleno de escombros, por los estragos de tanta bomba que caía en él, pero no por eso cesó el concurso, ni las preces acostumbradas.

 

Sábado 11 de febrero

Hoy los enemigos no hicieron mucho fuego, contentándose con robarnos todas las casas de los barrios de San Agustín y demás que habían desamparado los pobres labradores, sacándoles el trigo, vino y demás granos, llevándoseles las caballerías, carros y cuantos muebles habían dejado. Se volaron hoy muchas casas, pues en eso y en robar cuanto pudieron emplearon todo el día.

Salió Su Excelencia a visitar los puntos y animar a sus paisanos, que en estos días eran casi los únicos que se veían en ellos, pues la tropa estaba la mayor parte enferma, prosiguiendo los muertos con mucho aumento, y entre los del día de hoy, lo fue el Señor Don Joaquín Cabero, Conde de Sobradiel.

 Domingo 12 de febrero

Repitieron los enemigos el fuego más vivo toda la noche y mañana con obuses y morteros, tirando continuamente bombas y granadas con cañones de a 24 que colocaron junto al Convento de Jesús, dirigiéndolas contra el Palacio de Su Excelencia, Real Audiencia y Templo del Pilar que parecía iba todo a caer en tierra.

A las 3 de la tarde, habiendo volado dos casas a la Puerta del Sol y Calle de Aljeceros, entraron a bayoneta calada y tocando a degüello por las calles de las Arcadas y San Agustín. Pero al salir a la de la Puerta del Sol fueron batidos por los paisanos y en breve quedaron muertos más de 50 y muchos más heridos. Habiendo acudido más paisanos a la novedad, se ensangrentaron contra ellos con tanto furor que los hicieron huir precipitadamente y con mucha ignominia, durando la acción más de dos horas. Las voladuras les habían resultado muy perjudiciales, por haber reventado hacia dentro, causándoles la muerte de muchos que estaban prevenidos para acometer.

Siguieron las preces y letanías en la Santa Capilla, las que hizo uno de los Capellanes de Nuestra Señora, por no haber ya ningún Canónigo que no estuviera enfermo, y el expuesto en la Parroquia de la Seo.

 Lunes 13 de febrero

La noche fue muy quieta, y aun toda la mañana, hasta cosa de las 10, que habiendo dado fuego a una mina desde las casas derruidas detrás del Hospital, fue a reventar junto la casa de Tarazona esquina a la calle de San Andrés, pero sin llegar al edificio, por lo que no se atrevieron a salir a acometernos, ni tampoco a recoger los muertos de junto a la Puerta del Sol, entre los cuales había un Comandante y el tambor que entró tocando a degüello.

Al medio día se echó un pregón de orden de Su Excelencia mandando que dentro de una hora se reuniese toda la tropa y paisanos al Puente de Piedra, y aunque acudió bastante gente se mando suspender hasta la mañana siguiente.

Los muertos se aumentaron, siendo preciso mandarlos enterrar, por no verlos en las calles y puertas de las Iglesias hacinados, la mayor parte desnudos, sacándolos de los hospitales y casas; por lo que se mandó llevarlos en carros a los cementerios de los Conventos y Parroquias, por no poder salir ya de la Ciudad. Las preces siguieron en ambos Templos.

 

Martes 14 de febrero

Muy por la mañana acudió la tropa y gran número de paisanos al Puente de Piedra, y a cosa de las 10 avisó el Mariscal de Campo Barón de Warsage que podían retirarse por haber pasado al otro lado del Ebro los enemigos. Pero habiendo intentado acometer hacia la Universidad, se les mandó pasar allá, pero luego que los vieron se retiraron precipitadamente.

En el Coso hubo fuego todo el día, logrando apoderarse del Convento de San Francisco, desde cuya torre estuvieron continuamente tirando. En el de Jesús colocaron una batería de seis cañones de batir contra el Palacio de Su Excelencia, y en el Arrabal hubo una guerrilla en la que nos mataron al Capitán Don Mariano Lucas Aced, labrador de la compañía del famoso Tío Jorge Ibort, de los más briosos y que era de toda la confianza del General, cuya pérdida le fue muy sensible.

Este día llegaron las cosas a tal extremo y apuro que no se hallaba para comer ni para sanos y enfermos, y el pan tan escaso que fue preciso poner guardia en los hornos para no dar sino un sueldo a cada uno, y comiendo el Soldado galleta.

Había aumentado tanto el número de enfermos y muertos que pasaban de 300 al día, sin poder administrárseles el Santo Viático por el riesgo de las bombas, siendo igualmente escasísimo el número de médicos, aunque las enfermedades no eran epidémicas, pues la mayor parte morían de poquedad de ánimo, porquería y miseria. En la Santa Capilla siguieron las preces, y a devoción de algunos particulares se limpió de las enronas.

 

Miércoles 15 de febrero

La noche anterior siguieron los enemigos sus malditas intenciones, volando la casa inmediata a la de Tarazona, llamada de Asín, a las 12 dadas, a que se siguió un tiroteo desde las casas de frente y San Francisco al que se les correspondió, como igualmente de bombas y granadas, abriendo una brecha en la pared de la Universidad, pero sin atreverse a pasar a ocuparla. Nuestro amado General se sintió algo indispuesto, lo que ya fue anuncio de nuestras desgracias, siguiendo las enfermedades, muertos y las carestías de todas las cosas hasta lo sumo, con una aflicción general.
 


Relato de BELMAS de los combates del 10 de febrero de 1809

 

Ataque de la derecha. Buscamos desplegarnos en la manzana comprendida entre las calles Alcover y Aljeceros para alcanzar la manzana situada en el otro lado de esta última calle, con el objetivo de hundir un parapeto que el enemigo ocupaba en el Coso, delante de la puerta del Sol. Este parapeto estaba armado con cañones y flanqueaba el edificio de la Universidad. A pesar de todos nuestros esfuerzos, no pudimos llegar hasta la calle Aljeceros ya que los españoles opusieron una viva resistencia.

En la calle Barrioverde se hicieron más progresos en la manzana comprendida entre las calles Alcover y la de las Arcadas y el enemigo abandonó el parapeto que tenía en esta última calle.

A las tres de la tarde, las dos minas destinadas a volar la Universidad estaban listas para estallar. Quisimos, antes de aplicarles fuego, desembarazarnos del gran parapeto de la puerta del Sol que flanqueaba este edificio.

 

Ataque del centro. Permanecimos en las casas que hacían frente a la callejuela que daba a Coso, a la derecha de la gran casa blanca. A mediodía, se cargó con ochocientas libras de pólvora cada uno de los dos hornillos establecidos bajo esta casa, que ya había sido atacada el 8 de febrero. A las tres de la tarde se prendió fuego a uno de estos hornillos; un batallón del 115º se lanzó al asalto y tomó posición entre los escombros El enemigo nos abrumaba con granadas y obuses arrojados a mano; al otro lado del Coso había también un cañón que no cesaba de disparar balas y metralla. Sin embargo, pudimos mantenernos sin ser obligados a hacer explotar el segundo hornillo. Incluso cruzamos la callejuela de la derecha y nos adueñamos de toda la manzana contigua. La noche nos impidió avanzar más.

Tuvimos alrededor de cuarenta hombres fuera de combate El capitán de ingenieros Jencesse, en el asalto de la gran casa, recibió un impacto de bala en el muslo y murió.

A la izquierda de la calle de Santa Engracia, atacamos al mismo tiempo el convento de San Francisco. Nuestros minadores, partiendo de los sótanos del Hospital General, debían avanzar por debajo de la calle de calle de Santa Engracia hasta el campanario, para que en su caída aplastase la iglesia y el convento. Pero, desde la mañana los minadores enemigos se encontraban a cuatro metros por detrás de la cabeza de nuestra galería por lo que nos apresuramos para establecer allí un hornillo de tres mil libras de pólvora al que se prendió fuego a las tres de la tarde. La explosión, que fue terrible, hizo saltar una parte del convento del lado de la entrada principal y del claustro bajo; el campanario quedó en pie. Un gran número de habitantes que entonces trabajaban en el convento bajo la dirección de sus alcaldes y una compañía del regimiento de Valencia quedaron sepultados bajo las ruinas; los alrededores quedaron sembrados de cadáveres y de miembros esparcidos. Setecientos hombres del regimiento 115º, bajo las órdenes del coronel Dupeyroux, esperaban detrás de la calle de las Municiones el instante de comenzar el asalto. Salieron por la calle de Santa Engracia, cubiertos por un parapeto abandonado y penetraron por la brecha. El coronel Dupeyroux dirigió hacia la izquierda dos compañías mandadas por el capitán Platel, a fin de adueñarse del gran edificio que se extendía hacia la calle de las Municiones; después, con el resto de sus tropas, atacó el convento y lo ocupó a pesar de la tenaz resistencia del enemigo y del fuego de una pieza de cañón situada a la entrada de la calle de Cinegia en el otro lado del Coso. El comandante Freytag penetró incluso en la iglesia, pero los españoles se ocultaron en las galerías interiores, subieron hacia las bóvedas, las perforaron e hicieron caer sobre nuestras tropas una lluvia de granadas y obuses que les obligó a retirarse. Entonces, nos atrincheramos en el convento para impedir que el enemigo regresara; cerramos con sacos de tierra los extremos de los corredores que comunicaban con la Iglesia y nos establecimos en varias casas a la izquierda del gran refectorio. Tuvimos en este asalto veintiocho hombres fuera de combate, entre ellos seis zapadores. El capitán de ingenieros Virvaux murió al principio de la calle de las Municiones. Como la lucha se prolongaba, los españoles temieron vernos penetrar en el interior de la ciudad. Tocaron generala y su caballería entró en batalla en el Coso y en la plaza del Mercado Nuevo.

 

Comentario de BELMAS sobre el tipo de guerra (12 de febrero de 1809)

La ciudad era siempre el escenario de violentos combates. Un bombardeo continuo, explosiones de minas, el derrumbamiento de los edificios, los gritos de los combatientes, disparos por todos los lugares, llenaban el aire de un sonido espantoso, al mismo tiempo que nubes de polvo y humo estaban suspendidas sobre la cabeza de los combatientes. La epidemia hacía estragos siempre crecientes y la guarnición estaba reducida a casi la mitad. Palafox trató de reanimar el valor de los sitiados anunciándoles la llegada de socorros. Dirigió felicitaciones a los defensores de la Universidad y de la puerta del Sol, por su heroica resistencia. Por otro lado, nuestras tropas comenzaban a fatigarse por los obstáculos que aparecían sin cesar y que tenían que superar; estaban muy cansadas y todos estos combates mortales, cuerpo a cuerpo por así decirlo y donde cada día perdíamos a nuestros oficiales, nuestros zapadores, nuestros minadores y nuestros soldados más valientes sin hacer progresos notables, hacían crecer el desánimo en el ejército. "¿Se ha visto alguna vez, se decía en los campamentos, un ejército de veinte mil hombres sitiar a uno de cincuenta mil? Nosotros no somos dueños más que de un cuarto de la ciudad y ya estamos extenuados. Es preciso esperar a los refuerzos, de otra manera pereceremos todos y estas malditas ruinas se convertirán en nuestras tumbas antes de que hayamos podido forzar a los últimos de estos fanáticos a su última retirada".

El mariscal Lannes que trataba de reanimar el espíritu del ejército decía a los oficiales que el enemigo perdía más hombres que nosotros en este género de guerra; que habiendo agotado a sus fuerzas para la pertinaz defensa de sus primeras casas, no nos opondrá la misma resistencia en el futuro; que, en fin, si esos locos tomaban el ejemplo de los numantinos, si querían quedar sepultados bajo las ruinas de su ciudad, nuestras bombas, nuestras minas y las enfermedades no tardarían en aniquilarlos a todos hasta el último. En efecto, cada día perecía un gran número de habitantes; las casas y los patios que tomábamos estaban tan atestados de cadáveres que parecía que no combatíamos sino por un cementerio.

Proclama de Palafox animando a los zaragozanos a tener energía.

La patria os llama, hijos de Zaragoza: no irritemos el auxilio divino de nuestra santísima patrona y madre, su santo templo peligra, vuestras vidas apreciables, vuestros hogares, mujeres e hijos penden de vuestro valor y esfuerzo, ¿cuál es nuestra obligación? ¿cuáles nuestros deberes ?¿dejamos arrancar de nuestras manos lo más precioso de nuestra existencia por escuchar la más disimulada intriga que nos incita a la cobardía, o resolvernos a defender nuestras propiedades?

Reflexionad, Zaragozanos, volved en vosotros mismos, no consultéis con nadie sino con vuestro mismo corazón y obligaciones. Si queréis, no necesitáis auxilio alguno para vencer a tan poquísimos enemigos como nos sitian, subid a las torres, tended la vista con vuestros anteojos, mirad que es vergüenza estemos oprimidos por tan pocos, conoced el engaño, sed verdaderos hijos del Pilar.

Si creéis que en mí no hay energía para sostener el alto encargo que habéis fiado a mi cuidado, desechad ese error; sabed que soy benigno con vosotros porque os amo, y creed que en mí hay constancia, y que sólo el ser hijo de Zaragoza anima y enciende mi valor hasta el extremo de que os juro que jamás seré esclavo, y que no serviré a otro rey que a mi legítimo Fernando VII y a mi patria.

Con este conocimiento vosotros me arrancasteis de mi retiro para defender la ciudad y el reino; acepté muy gustoso tan pesada carga confiado en vuestro valor; si ahora me dejáis en la ocasión más crítica, os ha de abominar el mundo, que sabe que nada he omitido, ni omitiré para conservar la libertad de la ciudad, y de vuestras familias, dignas de mejor suerte que la que os prepara la seducción con la timidez y cobardía; y estad seguros que el valor se necesita para que se aproximen nuestros socorros, cuando éstos lleguen: debemos ayudarnos, debemos hacer un esfuerzo vigoroso para auxiliarles, pues si nos ven quietos, la intriga del enemigo podrá hacerles creer vuestra timidez, y de este modo burlar vuestro buen celo, y perdernos.

El que sea patricio, el que sea buen español preséntese con su arma, el soldado a sus puntos, el paisano a los puestos señalados, como lo acreditasteis en el sitio pasado; y pues sois valientes, en un momento, en pocos instantes serán confundidos los enemigos, destruida su intriga, acreditado vuestro valor, cumplido el voto del aragonés al santo templo del Pilar (voto que no debe profanarse con la timidez), y libre la ciudad de la esclavitud vergonzosa en que la ponen algunos enemigos domésticos, que Dios mismo descubrirá para su castigo, como ha hecho ya con otros. Bien sé, trabajarán aun con vosotros, y que oiréis voces de timidez, las mismas que os hacen abandonar a cada instante escandalosamente vuestros puestos; pero el que no se presente a la defensa de la patria será indigno de ella, y con razón merecerá todo menosprecio, no le miraré como hijo de Zaragoza, y estoy seguro que María Santísima del Pilar no amparará ni le hará acreedor a los beneficios que nos preparan nuestros hermanos los Americanos en las cuantiosas sumas que ofrecen para reparar las pérdidas públicas y particulares de esta ciudad (objeto de la universal atención), y que llevará en su frente el distintivo de ser despreciable a los ojos de Dios y de los hombres.

Cuartel general de Zaragoza, 10 de febrero de 1809. Palafox