RADIO BICENTENARIO
(Temporada 2008-2009)
 

 

Onda Cero Zaragoza, 5ª época, programa nº 20

Emitido el viernes 6 de febrero de 2009

Interviene: Paco Escribano y José Antonio Alaya.
                   Con la colaboración de Mariángel Pérez y Olga Capmartín (como la Madre Rafóls).
 

Para facilitar la descarga del archivo de sonido, lo hemos dividido en dos partes.     I Parte     II Parte

 

 

ZARAGOZA 2008: BICENTENARIO DE LOS SITIOS
 

  • Actividad en Colegio San Braulio, con alumnos de 5º  y 6º . Charla el 26; hicieron una ruta el 28 de enero y el 4 de febrero siguiendo la dirección de asalto francesa: San José-Mónicas.
  AGENDA.
 

Hasta el 29 de marzo. Centro de Historia

Exposición fotográfica: “Sarajevo: el último asedio”, de Gervasio Sánchez.

Fundación Zaragoza 2008.

ENTRADA LIBRE.

Del 3 de febrero al 8 de marzo. Casa de los Morlanes

Exposición fotográfica: “La Zaragoza del Bicentenario”

Ayuntamiento de Zaragoza.

ENTRADA LIBRE.

6 de febrero, 20 h. Salón de Actos de Caja Inmaculada, Independencia 10

Presentación del CD del IV Concierto de Semana Santa y Música de los Sitios (20 de febrero de 2008) http://tercerol.com/Concierto2008.htm.

Asociación para el Estudio de la Semana Santa

ENTRADA LIBRE.

9 de febrero, 21 h. Casa de Cultura (Tauste).

X Jornadas de Historia de Tauste.

Distinción de Socio de Honor a la A.C. “Los Sitios de Zaragoza”.

Conferencia: “Apuntes sobre Tauste y los taustanos durante la Guerra de la Independencia.”. Ramón Guirao (A.C. “Los Sitios de Zaragoza”).

Asociación Cultural El Patiaz.

ENTRADA LIBRE.

13 de febrero, 20 h. Stadium Casablanca.

Charla: “El martillo y el yunque: los generales franceses ante Zaragoza”. Santiago Gonzalo (A.C. “Los Sitios de Zaragoza”).

Stadium Casablanca

ENTRADA LIBRE.

14 de febrero, 18 h. Plaza del Justicia (Iglesia de Santa Isabel de Portugal)

Procesión cívico-religiosa en conmemoración del rescate del Cristo de la Cama: Pza. Justicia (acto, placa María Blánquez), Manifestación, Alfonso, Coso, Pza España (acto recuerdo al convento San Francisco), Jaime, Mayor, Dormer, Pza Seo (acto, palabras del Gral Pinto), Basílica del Pilar (donde se deposita el Cristo hasta el 25 febrero).

Hermandad de la Sangre de Cristo.

ENTRADA LIBRE.

 

Puede encontrar la agenda actualizada de los actos de todo el año, no sólo con los ya confirmados, sino también con otros en diversas fases de organización y que incluso podrían no llegar a realizarse en:


 

CRÓNICA DE ZARAGOZA, LUNES 6 DE FEBRERO DEL AÑO DEL SEÑOR DE 1809
48º DÍA DE ASEDIO A LA CIUDAD


Titulares:

-                INTENSOS COMBATES EN LAS CALLES DE ZARAGOZA.

-                EL AVANCE FRANCÉS SE VE FRENADO POR LA TENAZ RESISTENCIA ESPAÑOLA.

-                SIGUE EMPEORANDO LA SITUACIÓN SANITARIA.

-                LA MADRE RAFÓLS DESMIENTE LAS ACUSACIONES DE ESPIONAJE CONTRA ELLA. LA ENTREVISTAMOS EN DIRECTO.
 

 

INTENSOS COMBATES EN LAS CALLES DE ZARAGOZA.

Zaragoza continúa resistiendo. Ése es el simple resumen de los terribles días que estamos viviendo. Los franceses han seguido bombardeando la ciudad y haciendo avanzar a sus soldados con la ayuda de miles de libras de pólvora empleadas en hornillos y minas. Gracias a este esfuerzo en medios y sangre han conseguido adueñarse de un cierto número de calles entre San Agustín y la calle Quemada, así como de un pasillo a lo largo de la calle de Santa Engracia.

Sin embargo, en su avance encuentran la tenaz resistencia de nuestros soldados y paisanos, que defienden habitación por habitación. Cuando no es posible la resistencia, los nuestros están embreando y prendiendo fuego a las jambas y vigas de madera, impidiendo así el paso de los invasores. Buen ejemplo de ello fue la defensa de los conventos de Santa Mónica y San Agustín, donde los valientes españoles se parapetaron tras los bancos de la iglesia, el púlpito y hasta el altar, debiendo abandonar el combate sólo tras abrirse nuevas brechas en los muros.

 

DEFENSOR DEL PÚLPITO DE SAN AGUSTÍN: Estábamos todos mezclados, soldados, paisanos, nobles y plebeyos, hasta los monjes salieron con el arma en la mano. Nos turnábamos para tirar, pero esos malditos no dejaban de entrar, eran decenas y tuvimos que irnos. Aún quedaron unos cuantos defendiendo el campanario...

 

También es muy destacada la participación popular, como la que tuvo lugar el día 1, cuando los imperiales que provenían de la calle del Pabostre consiguieron alcanzar la calle Quemada. Varias compañías avanzaron temerariamente por esta última hasta cerca del hospital de Huérfanos, en el Coso, y algunos hombres alcanzaron incluso la plaza de la Magdalena. Pero el general Palafox consiguió reunir más de ocho mil voluntarios, incluidas muchas mujeres, que a las dos de la tarde atacaron con furia incontenible y obligaron a los franceses a evacuar toda la calle Quemada e incluso una parte de las casas que habían ocupado anteriormente en la derecha de la del Pabostre.

Con todo ello, las noticias que nos llegan del bando francés hablan de abatimiento y baja moral entre las tropas. Este tipo de combate callejero y peligroso parece estar minando la capacidad de combate de unos soldados instruidos para las grandes batallas en campo abierto. También se tiene noticia de la muerte del general Lacoste, jefe de los Ingenieros y según parece muy querido del infame Emperador; recibió un balazo el día 1 cuando se encontraba dirigiendo el avance de sus polacos en torno al Convento de Jerusalén.

 

SE OYE EXPLOSIÓN

 

SIGUE EMPEORANDO LA SITUACIÓN SANITARIA.

Mientras tanto, la situación sanitaria no deja de empeorar y se ha alcanzado la terrible cifra de quinientos muertos diarios por enfermedad. La situación en los hospitales es desoladora, pues además han caído bombas sobre el de Misericordia y el Convento de San Ildefonso, por lo que ha sido preciso trasladar los enfermos de los claustros altos a la iglesia. Todos los conventos de la ciudad están inundados de enfermos, pues ha enfermado la mayor parte de la tropa, por cuya razón casi todo el trabajo está recayendo en los paisanos. Por orden de Su Excelencia ha sido ahorcado el Administrador de utensilios, quien había ocultado 20.000 camas cuando los enfermos se morían en el suelo.

Además, el General ha tomado providencias para que no se alteren los precios de los comestibles, que han aumentado considerablemente. Es difícil encontrar carne aun para los enfermos, y se ha mandado que no se vendan las gallinas más que a 4 pesetas, pese a que han llegado a alcanzar los 8 reales. Con todo ello se observa en la ciudad un gran desconsuelo en muchas personas y un cierto desvalimiento a algunos enfermos por parte de sus compañeros de armas e incluso familiares.

ENTREVISTA CON LA MADRE RAFÓLS

Quienes no están dejando desvalidos a los enfermos son las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, dirigidas por la Madre María Rafóls:

-                 ¿Cómo ve la evolución de la enfermedad? Terrible, muchos enfermos, en algunos casos mezclados con heridos, no hay agua ni
         alimentos...

-                 Pero nos han dicho que usted ha llegado a conseguir alimentos de los franceses. Salidas a Torrero, al Cuartel General de
         Lannes, me ha dado algo de alimento, gracias a Dios no nos han herido ni españoles ni franceses...

-                 Se han oído voces acusándola de espía, de haber pasado información a los franceses. Sólo soy una monja, no entiendo de
         temas militares, ¿qué podría haber contado? Sólo quiero ayudar a los pobres enfermos...

-                 Sufrimiento de las Hermanas Hay varias enfermas (en total murieron 9 de las 21 iniciales).
 

NOTICIA DE ÚLTIMA HORA

Para saber qué ha sido esa explosión que hemos oído hace unos minutos, conectamos con nuestro compañero Paco Escribano:

-                 ¿Dónde estás? En el Convento de San Francisco, junto a la Cruz del Coso. La explosión que se ha oído era una gran mina bajo las
         ruinas del Hospital General. Ahora mismo vemos a cientos de soldados franceses moviéndose entre los cascotes humeantes y
         avanzando hacia el Coso.

-                 ¿Hay peligro de que consigan romper nuestra línea de defensa? Parece que no, pues hay gran número de defensores en este
         convento y no dejan de llegar cientos de paisanos, que acuden al toque de rebato.

-                 ¿Cuáles son los daños? Es pronto para valorarlo, hay mucho humo... Han desaparecido varias casas entre el convento de Jerusalén
         y el Hospital y parece que hemos perdido muchos hombres.
 


FUENTES:

-      ALCAIDE IBIECA, A. Historia de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años de 1808 y 1809 las tropas de Napoleón.

-      BELMAS, J. Zaragoza, 1808 y 1808. Los Sitios vistos por un francés. Comuniter, 2003.

-      CASAMAYOR, F. Años políticos e históricos de las cosas sucedidas en Zaragoza (1808), Comuniter, 2008.

-      CASAMAYOR, F. Diario de Los Sitios. Comuniter, 2000.

-      LAFOZ, H. (ed.) Manifiestos y bandos de la Guerra de la Independencia en Aragón I. Los Sitios de Zaragoza. Comuniter, 2005.
 


 

Diario de Los Sitios. Basado en el Diario de Faustino Casamayor.

 

Lunes 30 de enero de 1809

No cesó el toque de generala desde muy de mañana por el ataque general con que acometieron los enemigos, especialmente por las Mónicas y San Agustín. Y aunque todo el día fue grande el fuego, el que se empezó a las 4 de la tarde llegó ser mayor; pues habiendo abierto brecha en la pared detrás del Altar mayor e introduciéndose en la Iglesia el Comandante francés con su tropa, fue muerto con todos los de su séquito, por los que estaban en el Coro y tribunas, siendo ésta una de las acciones más reñidas, logrando echarlos a bayonetazos, llevando a Palacio las escalas con que asaltaban en Convento, sin contar los prisioneros, y entre ellos 2 Coroneles. Esta victoria fue dos veces proclamada por Su Excelencia en dos diferentes decretos en que llenaba de lauros a sus defensores.

La noche siguió con la misma actividad, y la derrota de los edificios excedió a las anteriores, aumentando la aflicción tanto escombro, bullicio de campaneo y toque de generala, con el cansancio, y mudanza de casas, sin contar los muchísimos enfermos y tanto muerto, así de las enfermedades como de los lances de la guerra tan lastimosa.

 

Martes 31 de enero de 1809

No fueron menores los estragos, fuegos, bombas y demás trabajos de este día que el de los anteriores; pues a las 8 de la mañana ya se tocó generala, la que se repitió hasta 4ª vez, acometiendo los enemigos por toda la calle del Pabostre al mismo tiempo que por los barrios de Santa Engracia, Carmen y calle de Santa Fe, sufriendo en ambas partes unas pérdidas considerables, teniéndolas también por nuestra parte bastante grandes, pues habiendo hecho ellos una retirada falsa y ocupado los nuestros las casas que habían desamparado, les dieron fuego, en cuyo estrago perecieron muchísimos, sucediendo lo mismo en otros puntos, lo que sirvió de acalorarse más y más, y mandados por el General Sant-Marc hicieron prodigios de valor, matando tanto francés, que parecía un cementerio cada trozo de ataque.

Su Excelencia salió a animar a nuestros Paisanos, haciendo llevar las comidas, y después a visitar a nuestra Patrona para pedirle auxilio en tan apuradas circunstancias, y además pasó un oficio al Señor Presidente del Cabildo, para que expusiesen al Señor de manifiesto en ambos Templos lo que se verificó, poniéndolo en el Pilar en la Capilla de la Parroquia con el Copón, y en la Seo en la Parroquia en la forma acostumbrada.

En lo demás todo fue como el día anterior, muchos enfermos y muchísimos muertos; el trabajo a las baterías, de las calles y fosos se siguieron, y lo mismo, el de los cartuchos que estaba a cargo de los Religiosos, continuándose también en el Pilar la limpieza y aseo que hacían las Monjas con el mayor celo. En la Audiencia ocurrió caer una granada, y habiéndose vuelto a cebar el fuego se quemaron muchos papeles de la Secretaria de Acuerdo que se habían podido salvar bastante interesantes.

 

Miércoles 1º de Febrero

Después de una noche la más terrible de fuego, amaneció este día que será uno de los más brillantes de nuestra defensa, en el que todo él se estuvo sobre las armas, por acometer los enemigos repetidas veces.

Pero más especialmente por ser el día que habiendo bajado de Torrero dos columnas de 6.000 hombres, e introducídose por los puntos de las Mónicas y San Agustín, apoderándose de ellos y casas inmediatas, entraron con tambor batiente por las dos calles de San Agustín y de Palomar hasta la Plaza de la Magdalena; a cuyos apuros salió Su Excelencia a reclutar gente, la que apenas lo supo se reunieron más de 8.000 paisanos, y esperándolos en la Plaza expresada, y atacándolos, a fino fusilazo por todas sus bocas calles no les dejaron pasar adelante, haciéndolos retroceder y perder la vida, llegando a tanto su valor, que les cogieron 2 cañones, que ellos mismos a brazo llevaron a la presencia de Su Excelencia y apoderarse del Convento de San Agustín, en el que se aposentó el General Sant-Marc su Comandante, quien admirado del valor y fortaleza de los Paisanos, además de elogiarlos en publico, pidió a Su Excelencia les diese las gracias a su nombre, lo que verificó yendo a los mismos puntos, donde todo fue vivas y aclamaciones. Seguido por varias mujeres que con sus fusiles habían estado en la acción, fue a ponerse a los pies de Nuestra Señora, ante cuyas Aras ofreció la victoria, y enseguida dirigió un Proclama a los habitantes de Zaragoza animándolos a la defensa, dando las gracias por sus brillantes acciones, habiéndose interesado en esta toda clase de gentes, y no pocos Eclesiásticos y Religiosos, que con sus fusiles acometieron al enemigo.

La matanza enemiga fue grande, pero por nuestra parte hubo 131 muertos de tropa y Paisanos, y más de 250 heridos, siendo muy interesante el botín que se hizo en los muertos franceses. Todo el barrio de las Mónicas y San Agustín fue antes saqueado por los enemigos a causa de haberlos desamparado sus habitantes. En las dos Iglesias hubo letanía general, en la Seo ante el Santísimo expuesto, y en el Pilar en la Santa Capilla con asistencia de muchísima gente.

 

Jueves 2 de febrero

El de hoy fue un día de fuego continuado del enemigo, acometiendo al mismo tiempo por todos los puntos, pero fueron rechazados con bastante pérdida, acudiendo muy prontos los paisanos al toque de la campana. Así se pasó el día hasta las 10 de la noche, que habiendo acometido por las Tañerías un número considerable de Infantería y Caballería, se tocó la generala y se trabó una acción muy reñida que duró más de dos horas, logrando hacerlos retirar con mucha pérdida, habiendo tenido alguna por nuestra parte, y la de muchos edificios, que al ver los enemigos en ellos se incendiaban, y lo mismo hacían ellos cuando los desamparaban.

Hoy se hicieron algunas justicias, amaneciendo ahorcado el Administrador de utensilios, por haber ocultado 20.000 camas cuando los enfermos se morían en el suelo, por cuya causa habían muerto muchos miles de soldados; y además dos hombres por espías, habiéndoles hallado llevando cartas al campo enemigo.

Se tomó providencia por Su Excelencia para que no se alterasen los precios de los comestibles, porque se habían aumentado considerablemente.

 

Viernes 3 de febrero

El fuego siguió con el mismo tesón, y aun mayor si puede decirse, desde muy por la mañana, intentando abrirse camino por las casas desocupadas hasta muy cerca del Hospitalico de los Niños de la Magdalena. Pero habiendo tocado la generala y campanas, acudió nuevamente todo el paisanaje y se estuvieron tiroteando, resultando algunos muertos y heridos de una y otra parte; lo que se repitió a las dos de la tarde, en cuya acción se logró rechazarlos y ocupar parte del Convento de San Agustín, de donde se pudo sacar mucha porción de vino.

En los demás puntos hubo un fuego seguido, sin dejarles adelantar un paso, y de orden de Su Excelencia se mandó dar fuego al Convento de Jerusalén y la casa del Canal que estaba a su frente, para que no se introdujesen en ellas los enemigos, saliendo así mismo a visitar las baterías y dar una vuelta por el pueblo.

 

Sábado 4 de febrero

Los enemigos lograron introducirse a la casa llamada del Arco o de Suelbes, en la Plaza de la Magdalena, a la que fueron picando y taladrando las casas de la calle de Palomar y San Agustín. Quisieron pasar al otro lado, pero inmediatamente que se notó esta novedad, se tocó la generala y campanas, con cuyo aviso acudieron tantos paisanos que lejos de salir con su intento los enemigos, tuvieron que retroceder, perdiendo mucha gente y dejando despojos de armas y vestuario. A esta acción, que fue bastante larga, asistió Su Excelencia animando a sus paisanos, y en reconocimiento mandó publicar una Proclama, señalando varios premios a los doce paisanos que más se distinguiesen en acciones brillantes.

Se mandaron cortar todas las calles próximas al Coso con fosos, colocando en ellas cañones. En el Pilar se cantó una misa de rogativa a Nuestra Señora y la letanía mayor, y en la Seo siguió el expuesto mañana y tarde.

Los enfermos llegaron a tanto número, así como el de muertos, que se fue disminuyendo notablemente la tropa.

 

Domingo 5 de febrero

Estuvo el fuego enemigo más quieto por los puntos de la Magdalena, por haber amanecido ardiendo la casa de Suelbes por disposición de Su Excelencia, quien también salió a dar ánimo y sus disposiciones a los paisanos, exhortándolos a la pelea.

Hoy tiraron muchas granadas y bombas, cayendo algunas en el Templo del Pilar, pero sin hacer daño personal. La Santa Capilla estaba iluminada e inundada de gente todo el día y noche. También cayeron otras en el Hospital de Misericordia y Convento de San Ildefonso, de donde fue preciso trasladar los Voluntarios de Aragón que estaban allí enfermos, de los claustros altos a la Iglesia, advirtiéndose que así éste, como todos los Conventos de la Ciudad, estaban inundados de enfermos, pues enfermó toda o la mayor parte de la tropa, que seguramente fue una de las mayores fatalidades que sobrevinieron, por cuya razón casi todo el trabajo recayó en los paisanos, que tuvieron que cubrir todos los puntos y hacer una 2ª línea de defensa por el Coso.

 

Lunes 6 de febrero

Por la tarde salió una gazeta con las noticias recibidas hoy por dos correos de gabinete (que con muchísimo riesgo pudieron entrar) de varias acciones contra los franceses en diferentes partes de nuestra Península, especialmente la batalla dada el 2 del corriente cerca de Astorga, las cartas del Excelentísimo Señor Don Francisco Palafox y el general inglés Sir Carlos Guillermo Doyle, e igualmente del Excelentísimo Señor Marqués de Lazán desde el Ampurdán. Con estas nuevas hubo una alegría general y se alentaron mucho más nuestros paisanos, alistándose voluntariamente a Su Excelencia, quien los repartió a los puntos.

Este día nos empezaron a minar algunas casas de las ocupadas, que después de haberlas saqueado, les daban fuego, como sucedió en la Calle de Santa Engracia, donde a las dos de la tarde se oyó un gran ruido de haber volado algunas casas de las inmediatas al Convento de Jerusalén, con cuya novedad desampararon sus vecinos, y se temió iban a llegar al Coso; pero habiendo acudido gente, se les hizo retirar, y se apaciguó todo.

En el Arrabal siguió el fuego, y colocaron dos baterías, la una de dos cañones y la otra de cuatro frente al Palacio del Arzobispo, donde habitaba Su Excelencia. La Santa Capilla continuó iluminada, rezándose la letanía mayor, y en la Seo estuvo el Señor expuesto.

Los enfermos y muertos fueron siempre en el mayor aumento.

 

Martes 7 de febrero

Después de una noche de un fuego espantoso, vino el día el que siguió con gran tesón, habiendo colocado un cañón de a 24 frente al muro de la Puerta de Valencia, con el cual abrieron una grande brecha, minando al mismo tiempo parte de la Parroquia de San Miguel; pero nuestros Ingenieros les salieron al encuentro, matándoles bastantes y haciéndoles retirar de sus proyectos.

Todo el día nos estuvieron tirando muchas bombas y granadas desde las baterías del otro lado del Ebro. Se fue aumentando el número de los paisanos a los que Su Excelencia iba animando a la defensa.

Siguieron las preces en ambas Iglesias, y estos días se careció de carne aun para los enfermos, y de orden de Su Excelencia se mandó no se vendieran las gallinas más que a 4 pesetas, pues las llegaron a vender a 8 reales, siendo para los enfermos, los que se aumentaron tanto y se morían tanto de la Tropa como del Vecindario, lo que causaba el mayor desconsuelo, llegando ya hasta faltarles el alimento y asistencia aun de sus mismos interesados.

 

Miércoles 8 de febrero

A las 8 de la mañana empezaron las baterías enemigas del otro lado del Ebro a vomitar granadas y balas contra el Palacio de Su Excelencia, acometiendo al mismo tiempo el Convento de Jesús, y molino de Torner, el que ocuparon, de donde se pasaron al de San Lázaro; pero habiendo tocado la generala y alarmádose el vecindario se empezó una acción que duró todo el día, logrando desalojarlos de San Lázaro y molino de Torner, cogiéndoles dentro cinco prisioneros, y encerrarlos en el de Jesús, matándoles muchos, cuyas gorras y pantalones se trajeron como trofeos de la victoria.

Al anochecer volaron un trozo de casas inmediatas al Santo Hospital y enseguida se dio principio a un grande tiroteo desde las dichas ruinas, y aunque lo intentaron no pudieron lograr internarse en el Coso, antes murieron muchos y huyeron los restantes, lo que se debió a la tropa y paisanos que había en San Francisco.

Hoy todo fue fuego y Zaragoza padeció lo que no será creíble sino a los que lo han visto, causando tantas ruinas en los edificios que parecía iban todos abajo. En este día se vieron como en otros ataques a toda clase de gentes, así eclesiásticos como regulares, atacar al enemigo, acreditando un acendrado patriotismo.

La Iglesia del Pilar se llenó de enrronas por el daño que hicieron las bombas que taladraron las bóvedas y pinturas de los óvalos de encima de la Sacristía y de la Capilla de Santa Ana, cuyo destrozo causó tanto estruendo que parecía se iba todo abajo, rompiendo los confesonarios, hundiendo el suelo y llenando la Iglesia de un humo tan denso que la obscureció toda, apagando sus lámparas, desquiciando sus paredes y aun los mármoles de sus zócalos, que todo será un monumento perenne de esta catástrofe, pero no fue bastante tanto riesgo para separar la gente de los pies de nuestra Patrona, ante cuya Santa Imagen se cantó la letanía mayor y demás preces, pidiéndole su patrocinio y amparo, y lo mismo se hizo en la Seo con el Señor Expuesto.
 


 

Relato de BELMAS de los combates del 1 de febrero de 1809

 

Ataque de la derecha. El hornillo que se había preparado bajo el muro lateral de la iglesia de los Agustinos cargado con doscientas libras de pólvora, explotó a las cinco de la mañana. La brecha abierta por la explosión se encontró que comunicaba con la sacristía y fueron necesarias las escalas para descender hasta allí. Los granaderos del 44º atravesaron la brecha y se situaron en la iglesia, detrás del altar mayor. Los españoles, que esperaban ver el convento atacado por la brecha que la batería nº 13 había abierto en el muro del recinto, quedaron sorprendidos. Al principio no opusieron más que una débil resistencia, pero pronto ocuparon las tribunas de la nave y la tribuna del órgano, situada sobre la gran puerta de la iglesia, comunicando con la escalera del campanario. Desde allí hicieron una descarga de fusilería de las más vivas. Sin embargo, nuestras tropas lograron expulsarlos, no sólo de la iglesia sino también de todos los numerosos edificios del convento, cubriendo los cortes y las travesías con sacos de lana que se encontraban a cada paso en los corredores. Algunos paisanos permanecieron en el campanario, desde donde arrojaban granadas hacia la plaza de San Agustín. Estos hombres se encontraron sin retirada, ya que nosotros teníamos el pie de la escalera del campanario; entonces sus compatriotas salieron de la calle de los Frailes para volver a tomar la iglesia. Esta tentativa no tuvo éxito pero facilitó la retirada de los que se encontraban en el campanario.

A la izquierda del ataque, nos adueñamos de la última casa, situada en el recinto, en la unión de la calle del Pabostre y la calle Quemada. Varias compañías del 44º avanzaron temerariamente por esta última calle hasta cerca del hospital de Huérfanos, situado en el Coso, y algunos hombres alcanzaron incluso la plaza de la Magdalena. Ocupamos pronto las casas que bordean la calle por el lado derecho, siguiendo las comunicaciones abiertas por los asediados en las paredes medianeras. Pero como el enemigo se replegaba, nos descuidamos en colocar barricadas en las puertas y ventanas bajas que daban a la calle y de establecernos bien en estas casas. Hacia las dos de la tarde, entre seis y ocho mil españoles, excitados por el toque a rebato, nos atacaron con furor y nos obligaron a evacuar toda la calle Quemada. Perdimos incluso una parte de las casas que ocupábamos anteriormente en la derecha de la calle Pabostre. Tuvimos un centenar de hombres fuera de combate en esta acción, con ocasión de la cual Palafox dirigió una proclama a los habitantes para felicitarles por sus éxitos.

Para prevenir parecidas escaramuzas, el mariscal Lannes prohibió expresamente por una orden del día, todo ataque de viva fuerza que no tuviera como objetivo avanzar paso a paso, de casa en casa.

 

Ataque del centro. A mediodía se hizo estallar un hornillo en el extremo de una ramificación dirigida por debajo de la calle de las Recogidas. La explosión destruyó varias casas en la manzana comprendida entre esta calle y la de las Municiones y sepultó un gran número de españoles bajo los escombros; pero se declaró un violento incendio que nos obligó a permanecer en nuestras posiciones durante varios días.

A la derecha de la calle de Santa Engracia se habían tomado sin mucho esfuerzo desde la mañana dos casas en la pequeña calle que le es paralela y que desemboca frente al convento de las hijas de Jerusalén. Se colocaron en una de estas casas doscientas libras de pólvora para poder extenderse a derecha e izquierda tras la explosión, que derribó efectivamente los edificios vecinos. Dos compañías del primer regimiento del Vístula, avanzaron entre los escombros, y se adueñaron de la manzana entera hasta la calle que se encuentra en la prolongación de la de las Municiones. El general Lacoste, que se había asomado en una ventana frente al lugar del ataque para arengar a los polacos, fue alcanzado por una bala en la cabeza, de la que murió algunas horas más tarde. Su pérdida fue muy sentida por todo el ejército. Su lealtad, su franqueza y su fuerte espíritu le hicieron querer tanto como su actividad, su brillante valor y su capacidad militar le hicieron admirar. En esta jornada que nos costó tan cara, tuvimos además seis hombres muertos, entre ellos un oficial adjunto al estado mayor y quince heridos, entre ellos un zapador.

Se continuó fortificando la iglesia del convento de los Trinitarios. Se atrincheraron las casas adyacentes a la puerta del Carmen, que el enemigo había abandonado desde el 28 de enero. Se comunicaron con la torre del Pino por un ramal de trinchera abierto entre los dos recintos.

 

Ataque del Arrabal. Se perfeccionó la primera paralela y los trabajos de zapa.

 

La muerte del general Lacoste dejó al coronel Rogniat, segundo comandante, la dirección de los ataques de la orilla derecha. Nada fue cambiado en la marcha de los trabajos de zapa. Se continuó la guerra de casas para llegar al Coso. Los españoles se defendían con un empeño extraordinario, pero los esfuerzos de nuestros soldados crecían en razón de los obstáculos que salvaban y la marcha metódica de los trabajos de zapa aseguraba nuestro éxito.

Cuando una casa era conquistada, se atrincheraba y se abrían aspilleras; se abrían largas comunicaciones a través de las paredes divisorias para poder circular a lo largo de los muros de enfrente; se obstruían las puertas y las ventanas con sacos de tierra y esta casa se convertía así en una verdadera fortaleza que nos servía de punto de apoyo para seguir avanzando. Si el enemigo disputaba la entrada de una habitación, se abrían aspilleras enfrente a las suyas y se disparaba desde los dos lados; la habitación que separaba a los combatientes se llenaba pronto de humo, lo que permitía a un zapador arrastrarse y llegar bajo los cañones de los fusiles del enemigo; el zapador se levantaba entonces, golpeaba a golpes redoblados con una barra de mina sobre los fusiles y forzaba a los españoles a retirarlos. Enseguida, avanzaban nuestros granaderos que embocaban las aspilleras y arrojaban granadas y forzaban al enemigo a buscar un refugio en una habitación más alejada, donde volvía a comenzar un nuevo combate. Cuando un grueso muro detenía el impulso de nuestros soldados, los zapadores reducían el espesor con zapapicos antes de practicar ninguna abertura, después lo derribaban de un solo golpe sobre los españoles. Estos diversos ataques debían hacerse simultáneamente en cada piso de una casa para no quedar expuestos a las descargas que hacía el enemigo a través del suelo de los pisos superiores y a las granadas que dejaba caer por el hueco de las chimeneas. Sobre todo, era necesario ocupar los tejados pues los españoles aprovechaban para hacer salidas sobre nuestra retaguardia y cortar nuestras comunicaciones.

Empleábamos también con ventaja a los mejores tiradores de los regimientos, los cuales, situados en emboscada en los graneros, abatían a todo español que se pusiera a descubierto y forzaban así a los otros a dejar el campo libre a nuestros zapadores.

Pero, de todos los medios de ataque, la mina era aún la mejor, con tal de que se tuviera cuidado de no cargar demasiado los hornillos para que las casas fuesen abiertas y no destruidas, y que quedasen algunos abrigos donde nos pudiésemos poner a cubierto de los fuegos que se hacían desde lo alto de los edificios vecinos. Pero entonces a los españoles se les ocurrió untar de resina y de pez los armazones de las casas y aplicar a las puertas y ventanas haces de leña alquitranados. Cuando se veían obligados a retirarse, les prendían fuego, interponiendo de esta manera entre ellos y nosotros una barrera de llamas. Como había poca madera en la construcción de las casas de Zaragoza, los suelos estaban formados por bóvedas de ladrillo sobre viguetas, el incendio se propagaba lentamente y formaba a menudo durante varios días un obstáculo infranqueable que daba tiempo a los españoles a fortificarse y preparar la defensa de las casas que estaban detrás de las que habían sido incendiadas.