RADIO BICENTENARIO
(Temporada 2008-2009)
 

 

Onda Cero Zaragoza, 5ª época, programa nº 17

Emitido el viernes 16 de enero de 2009

Interviene: Paco Escribano y José Antonio Alaya.
Con la colaboración de Mariángel Pérez y Gabriel Echeverría (como el coronel Mariano Renovales).
 

Para facilitar la descarga del archivo de sonido, lo hemos dividido en dos partes.     I Parte     II Parte

 

 

ZARAGOZA 2008: BICENTENARIO DE LOS SITIOS
 

  AGENDA.
 

Del 22 de enero al 29 de marzo. Centro de Historia

Exposición fotográfica: “Sarajevo: el último asedio”, de Gervasio Sánchez.

Fundación Zaragoza 2008.

ENTRADA LIBRE.

 

Puede encontrar la agenda actualizada de los actos de todo el año, no sólo con los ya confirmados, sino también con otros en diversas fases de organización y que incluso podrían no llegar a realizarse en:


 

CRÓNICA DE ZARAGOZA, LUNES 16 DE ENERO DEL AÑO DEL SEÑOR DE 1809


Titulares:

-                LOS FRANCESES OCUPAN EL CONVENTO DE SAN JOSÉ.

-                INTENSOS BOMBARDEOS DESDE TORRERO.

-                PALAFOX RECLAMA UNA MAYOR IMPLICACIÓN EN LOS TRABAJOS DE DEFENSA.
 

 

"Que no se me llame nunca si se trata de capitular, porque jamás seré de la opinión de que no podemos defendernos"

Hace hoy una semana teníamos ante nuestros micrófonos al coronel Antonio Sangenís. Dos días después, este benemérito militar moría en la Batería Palafox, el mismo lugar donde hacía estas declaraciones. Se encontraba allí cumpliendo, una vez más, con su deber, observando los combates que se desarrollaban en torno al convento de San José. La ciudad ha quedado conmocionada por la pérdida de este gran profesional de la milicia, que desde su puesto de Jefe de Ingenieros tanto ha contribuido a su defensa. Descanse en paz.

 

LOS FRANCESES OCUPAN EL CONVENTO DE SAN JOSÉ.

En esas mismas declaraciones, el difunto coronel Sangenís avisaba de la inminencia del ataque contra alguno de los puntos avanzados de la defensa. Desgraciadamente, esas palabras fueron proféticas. Todo el día 10 llevó a cabo el enemigo un intenso bombardeo desde las dos baterías colocadas a la falda del Torrero, tirando una infinidad de bombas y granadas, que causaron muchas ruinas en los edificios y bastantes desgracias personales. Nuestra baterías contestaron con tanto acierto, que habiendo intentado venir a tomar San José y el Reducto del Pilar, fueron rechazados con una pérdida muy considerable. Se dio orden que hubiese agua en las puertas de las casas, para acudir prontamente a los incendios. El bombardeo duró todo el día y noche, y a las 12 empezó un ataque con la mayor furia hacia el fuerte de San José a tiro de fusil, el que sostuvieron más de dos horas, en el que perdieron mucha gente.

El día 11 continuó el fuego de cañones, obuses y morteros con el mismo tesón. Acometió así mismo el enemigo contra los puntos de Trinitarios Descalzos, Puerta del Carmen y Reducto del Pilar con la mayor furia, siendo el fuego de los mayores que ha sufrido nuestra tropa. Al medio día bajaron dos columnas de Torrero para ganar el fuerte de San José, por lo que se tocó la generala y acudió toda la tropa y vecindario, empezando una acción que hizo mucho honor a nuestros defensores. Los atacantes pudieron ocupar dicho fuerte, aunque nuestros hombres consiguieron retirar la artillería y clavar los obuses.

 

Para ampliar los datos sobre la pérdida del Convento de San José, tenemos en nuestros estudios al coronel Mariano Renovales, jefe de su guarnición. Para entrevistarle contamos también con nuestro experto en temas militares, Paco Escribano:
 

-                 ¿Cómo pudieron llevar a cabo el asalto? Desde Torrero, trabajos metódicos de asedio, buena cobertura de fuegos, trincheras
 cubiertas...

-         La situación fue muy complicada ya el día 10 ¿cómo pudo solventarla? Resumen del combate de la tarde-noche del 10.

-         ¿Qué valoración hizo de ese ataque? Defensa imposible, retira piezas, al día siguiente gran bombardeo, retirada final.

-         ¿Cómo se portó la guarnición? Admirable, entereza, patriotismo...
 

INTENSOS BOMBARDEOS DESDE TORRERO.

Tras ocupar San José, el siguiente objetivo de los imperiales ha sido el Reducto del Pilar, situado a vanguardia de la Huerva, en el arranque del camino al Monte de Torrero, contra el que fueron lanzando trincheras y paralelas cada vez más próximas a nuestras fortificaciones. Tras varios ataques infructuosos, ayer a las 8 de la tarde se produjo el definitivo asalto francés. Inservibles las cureñas, deshechos los merlones, con el foso cegado en gran parte y desbaratados los parapetos, los defensores mandados por el capitán Mariano Galindo, de Voluntarios de Aragón, debieron abandonarlo dirigiéndose hacia Santa Engracia. En su retirada volaron el puente sobre la Huerva, impidiendo así la persecución enemiga.

La ocupación de nuestros dos puntos avanzados de defensa ha permitido que los franceses asienten sus baterías muy próximas a la Ciudad, causando grandes daños y haciendo tal estrago que a cada paso se ven en nuestras calles casas en tierra y heridos. Un inmenso gentío se está refugiando en el Pilar, donde se dan misas continuas en la Santa Capilla. El día 11 cayó una bomba en la Capilla de San Juan, que no hizo daño alguno pese a estar llena de gente.

CORTE DE UNA MUJER REFUGIADA EN EL PILAR (fondo de misa): Vive en San Miguel y allí no se puede estar, de tanto bombeo... no tiene donde ir y se ha venido al Pilar... confianza en la Virgen... fíjate que cayó esa bomba el otro día y no le dio a ninguna de las criaturas que aquí estaba...

 

PALAFOX RECLAMA UNA MAYOR IMPLICACIÓN EN LOS TRABAJOS DE DEFENSA.

Ante el avance de las obras de asedio de los franceses, nuestro Capitán General ha emitido en estos días dos proclamas destinadas a aumentar el número y la organización de nuestros obreros en los trabajos de fortificación. Destaca especialmente el tono de la que se dio a conocer antesdeayer, que comienza destacando el heroísmo de los ciudadanos de Zaragoza en la lucha con las armas en la mano, al afirmar que “Vuestro heroísmo ha llegado hasta el último término y nuestra gloria será eterna, aplaudida y envidiada por todas las naciones... Me glorio de ser el general de un ejército que tanto se distingue, y de unos paisanos que servirán de ejemplo a todos los pueblos guerreros, resueltos a conservar su religión, su rey y su libertad”. Sin embargo, a continuación les reprocha el poco interés que se está demostrando en los trabajos.

Así, afirma que “tan sólo una cosa os falta para completar vuestro heroísmo, y es ejercitarlo con método: exponéis gustosos vuestra vida en la pelea, pero rehusáis acudir a los trabajos de fortificación, creyendo sin duda que el honor sólo consiste en el ejercicio de las armas. Zaragozanos: debo advertiros que ésa es una preocupación muy funesta... Igualmente sirven al rey y a la patria el combatiente y el trabajador, y todos aquellos que contribuyen a contener, destruir y aniquilar al enemigo, y ayudar a la conservación de aquella y del ejército”. Y termina exponiendo un ejemplo concreto, al afirmar que “si hubiéramos tenido más trabajadores, acaso conservaríamos el fuerte de San José, y en caso de haberlo perdido, hubierais visto volar los enemigos con los hornillos y minas que yo tenía dispuesto hacer y que no realicé por falta de manos. Esto me ha llenado de pena”.


FUENTES:

-      ALCAIDE IBIECA, A. Historia de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años de 1808 y 1809 las tropas de Napoleón.

-      CASAMAYOR, F. Años políticos e históricos de las cosas sucedidas en Zaragoza (1808), Comuniter, 2008.

-      CASAMAYOR, F. Diario de Los Sitios. Comuniter, 2000.

-      LAFOZ, H. (ed.) Manifiestos y bandos de la Guerra de la Independencia en Aragón I. Los Sitios de Zaragoza. Comuniter, 2005.

-      Gazeta extraordinaria de Zaragoza del día 16 de enero de 1809.
 


Bando de Palafox solicitando a los zaragozanos que acudan a las obras de defensa (Alcaide, 2, 107).

Zaragozanos: Nuestro divina Patrona nos protege, pero es menester ayudarnos: su beneficencia brillará como la vez pasada, si todos a una y como una sola familia procuramos nuestra mejor defensa por todos los medios imaginables. Nada es el enemigo para nosotros unidos y hechos una sola masa: nuestros pechos fuertes, nuestras murallas, nuestro valor es invencible. Unión es la mayor fuerza y los brazos de todos: la actividad del jornalero, del rico, del pobre, del religioso, del clérigo, del militar y del paisano, y aun de las mujeres, que en el asedio pasado fueron la envidia de todos y el ejemplo de los valientes. Ya estamos acostumbrados a vencer, ya nos conocen las balas, y ya nos han visto otra vez las bombas y granadas, pero siempre nos hallaron inalterables, no se mudó el color de nuestros semblantes, ni es capaz toda la Francia de alterarle. Con razón os llaman valientes hijos de Zaragoza, y yo no daré a ningún precio la fortuna de haber nacido entre vosotros. Y cada día más aplicado a merecer y conservar vuestra confianza, espero me ayudaréis por cuadrillas, y como la vez pasada, a procurar todas las obras y defensas necesarias para la conservación de esta ciudad nuestra madre y disfrutemos así de los auxilios de nuestra admirable y divina Patrona.

Todos los alcaldes de barrio reunirán las cuadrillas de gente para los trabajos con su capataz: éstas harán las obras necesarias de fosos y cortaduras, y se relevarán cada cuatro horas, para que no haya detención en los trabajos: igualmente cuidarán todos los vecinos de conservar iluminadas sus casas de noche, y con repuestos de agua en ella para cualquiera incendio.

Cuartel general de Zaragoza, 12 de enero de 1809. Palafox.

Proclama de Palafox animando a trabajar en las obras de fortificación (Alcaide, 2, 108-109; Belmas, 2, 375-377).

Ciudadanos de Zaragoza: Vuestro heroísmo ha llegado hasta el último término y nuestra gloria será eterna, aplaudida y envidiada por todas las naciones. Todos estos días, y aun el de ayer mismo, parecía que el horrendo fuego de los combates había de intimidaros, pero lejos de eso corristeis con las armas a rechazar al enemigo, y disteis nuevas pruebas de vuestro valor y fidelidad. Me glorio de ser el general de un ejército que tanto se distingue, y de unos paisanos que servirán de ejemplo a todos los pueblos guerreros, resueltos a conservar su religión, su rey y su libertad. Tan sólo una cosa os falta para completar vuestro heroísmo, y es ejercitarlo con método: exponéis gustosos vuestra vida en la pelea, pero rehusáis acudir a los trabajos de fortificación, creyendo sin duda que el honor sólo consiste en el ejercicio de las armas.

Zaragozanos: debo advertiros que ésa es una preocupación muy funesta, vuestro general os lo asegura. Conviene pelear con nuestros enemigos, pero también conviene procurar la seguridad y comodidad posible a vuestros dignos defensores. Igualmente sirven al rey y a la patria el combatiente y el trabajador, y todos aquellos que contribuyen a contener, destruir y aniquilar al enemigo, y ayudar a la conservación de aquella y del ejército. A todos pienso remunerar luego que me lo permitan las circunstancias: atenderé al vecino que sale al combate, al que se dedica a las obras de fortificación, socorro de enfermos y heridos, y a todos los que se distinguen por cualquiera término en la gloriosa empresa que sostenemos y de la que saldremos más victoriosos que la vez pasada, si (como me lo prometo) os prestáis gustosos a mis ideas.

Si hubiéramos tenido más trabajadores, acaso conservaríamos el fuerte de San José, y en caso de haberlo perdido, hubierais visto volar los enemigos con los hornillos y minas que yo tenia dispuesto hacer y que no realicé por falta de manos. Esto me ha llenado de pena, pero ¿qué más podía exigir de una tropa que ni dormía ni sosegaba, sino defender, como lo ha hecho, a toda costa el punto, hasta verse envuelta en las ruinas y escombros? Los olivares de frente e izquierda del fuerte ¡cuánto daño nos han hecho por no haberse cortado! Compararlo con el fruto que pueden dar, y veréis que es un beneficio particular, y no general como lo es el daño.

Si mis ocupaciones (que no ignoráis) me lo permitieran, acudiría yo mismo a ayudaros en los trabajos, conduciendo espuertas de tierra e imitando al noble labrador en sus honradas ocupaciones de abrir y cavar los suelos, como ya lo he hecho en el reducto del Pilar y lo he visto hacer a algunas personas principales de esta ciudad. Si todos vosotros no hacéis lo mismo por vuestra afición a las armas, acudid con el fusil en la una mano, y la azada en la otra, y llenaréis ambos objetos.

Ya es poco lo que falta para completar la victoria, y quedar gozando tranquilamente de sus dulces frutos. Ayudarme todos, el enemigo es cobarde cuando no se presenta a cara descubierta, la guerra que nos hace desconoce todas las nobles reglas militares. Siempre a cubierto sin atreverse a presentar sus columnas, usa de solo medios inicuos y de cobardía; ayudarme, y tendremos la satisfacción de destrozarlo y de libertar a nuestro suelo patrio de los temerarios ignorantes que se engañaron cuando proyectaron conquistar la España, y mucho más cuando creyeron poderse hacer dueños de esta fidelísima ciudad, centro de la buena fe, escuela del valor y la más señalada en trabajos y virtudes.

Cuartel general de Zaragoza, 14 de enero de 1809. Palafox.
 


Diario de Los Sitios. Basado en el Diario de Faustino Casamayor.

 

Martes 10 de enero de 1809

Este día empezó el enemigo su bombardeo con el mayor tesón contra esta Ciudad, por las dos baterías colocadas a la falda del Torrero, tirando una infinidad de bombas y granadas, que causaron muchas ruinas en los edificios, y bastantes desgracias personales, a que se les contestó por nuestras baterías con tanto acierto, que habiendo intentado venir a tomar el punto de San José, fueron rechazados con una pérdida muy considerable, sucediendo lo mismo en el Reducto del Pilar.

Se dio orden permaneciese formado el Ayuntamiento, y que hubiese agua en las puertas de las casas, para acudir prontamente a los incendios. Varias comunidades religiosas, temerosas de tanta bomba y de la proximidad del enemigo, salieron de sus conventos y se fueron a la Iglesia del Pilar.

El bombardeo duró todo el día y noche, y a las 12 empezó un ataque con la mayor furia hacia el fuerte de San José a tiro de fusil, el que sostuvieron más de dos horas, en el que perdieron mucha gente, y por nuestra parte entre los heridos y muertos la del benemérito Coronel del 1º de Voluntarios de Aragón Don Pedro Gasca, que murió a las dos horas, habiéndose hecho un fuego de los más furiosos por ambas partes.

 

Miércoles 11 de enero de 1809

El fuego de cañones, obuses y morteros siguió con el mismo tesón, muriendo este día desgraciadamente en la batería del Palafox el Comandante de Ingenieros Don Antonio Sangenís, cuya pérdida fue sentida de todos por sus recomendables circunstancias.

Por causa del mucho fuego, este día no hubo coro ni rezo en ninguna iglesia, sí sólo misas continuas en la Santa Capilla, donde de continuo había un inmenso gentío.

Acometió así mismo el enemigo contra los puntos de Trinitarios Descalzos, Puerta del Carmen y reducto del Pilar con la mayor furia, siendo el fuego de los mayores que ha sufrido nuestra tropa.

Al medio día bajaron dos columnas de Torrero para ganar el fuerte de San José, pero habiéndose tocado la generala, y acudido toda la tropa y vecindario se empezó una acción que hizo mucho honor a nuestros defensores, pues aunque pudieron ocupar dicho fuerte, les costó muy caro, habiendo retirado la artillería y clavado los obuses.

Este día fue continuo el fuego, y tantas las bombas que caían sobre los edificios, que no se podía subsistir seguro en parte alguna, cayendo una bomba en la Iglesia del Pilar y Capilla de San Juan; a pesar de estar llena de gente no hizo daño alguno.

 

Jueves 12 de enero de 1809

Al medio día de ayer bajaron dos columnas de Torrero para ganar el fuerte de San José, pero habiéndose tocado la generala, y acudido toda la tropa y vecindario se empezó una acción que hizo mucho honor a nuestros defensores. Finalmente, los franceses pudieron ocupar dicho fuerte, aunque les costó muy caro, habiendo retirado nuestras tropas la artillería y clavado los obuses.

Hoy no ha cesado un instante el fuego enemigo, derribando edificios y causando desgracias personales, por cuya causa se acordaron cuantas providencias parecieron más oportunas en tan críticas circunstancias, mas con todo no adelantaron los enemigos por la oposición que se les hizo, despreciando con valor así el fuego como las haciendas.

En este día tuvimos la desgracia de perder al coronel comandante de Ingenieros Antonio Sangenís. Se hallaba en la batería de Palafox reconociendo las obras que hacía el enemigo para formar su alojamiento en la gola del fuerte de San José y la comunicación de la 2ª paralela con la 3ª sobre el escarpe de la Huerva, cuando una bala le dejó exánime en el sitio. De modo tan trágico perdió su interesante vida este benemérito jefe, que con tanto tesón y acierto había dirigido todas las obras de fortificación.

 

Viernes 13 de enero de 1809

Siguió el bombeo con el mismo tesón, haciendo los mayores estragos en varias Iglesias y edificios. Hubo un reñido combate por todos los puntos, en que nuestras tropas hicieron una matanza terrible. El vecindario salió, no obstante, a ocupar las baterías y repararlas y construir pollos, y el tiroteo duró todo el día, pero por la noche cesó aunque no del todo, por lo que se pudo trasladar la pólvora, aunque con el mayor riesgo, desde el Convento de San Agustín a la Iglesia Parroquial de la Seo, pasando la reserva a la Capilla de San Valero.

 

Sábado 14 de enero de 1809

Este día, habiendo mudado el enemigo el tiro de su artillería, cayeron todas las bombas hacia el centro de la Ciudad, el cual siguió hasta la noche, haciendo los acostumbrados estragos. Hubo algún ataque en el reducto del Pilar, en el que se logró hacerlos retirar con bastante pérdida.

A pesar del mucho fuego, aún se derribaron torres y arboledas del lado del Ebro, en cuya acción no dejó de haber algunos heridos. Encima de la Puerta del Ángel se colocaron dos cañones, para lo cual fue preciso quitar la estatua del Santo Ángel.

 

Domingo 15 de enero de 1809

Este día fue uno de los más terribles de fuego, pues habiendo colocado sus baterías tan próximas a la Ciudad, lograron hacernos más daño, de manera que parecía un infierno, pues se cree tirarían más de 500, haciendo tal estrago que a cada paso se veían casas en tierra y heridos. Desde este día ya no hubo Audiencia, ni ninguna corporación, pues todo se abandonó por la defensa de la Patria.

A las 8 de la tarde se produjo el asalto francés al reducto del Pilar. Inservibles las cureñas, deshechos los merlones, con el foso cegado en gran parte y desbaratados los parapetos, los defensores mandados por el capitán Mariano Galindo, de Voluntarios de Aragón, debieron abandonarlo dirigiéndose hacia Santa Engracia. En su retirada volaron el puente sobre la Huerva, impidiendo así la persecución enemiga.

 

Lunes 16 de enero de 1809

Siguió el fuego con el mismo tesón de granadas y bombas, con infinitas balas rasas, cuyos continuos silbidos atemorizaban y causando bastantes heridos. Se colocaron algunos cañones en la Iglesia de San Agustín detrás de su altar mayor, frente al Convento de San José, en lo alto de las Mónicas, y se les hizo un fuego muy vivo, no siéndolo menor el suyo, causando muchas ruinas en las casas, por cuya razón los vecinos empezaron unos a desamparar las suyas, y otros a situarse en los caños y bodegas, con las precauciones más posibles.

Se divulgó a la noche que Su Excelencia había recibido noticias muy favorables, y apenas se notició por gaceta extraordinaria, cuando toda la Ciudad se llenó de una general alegría, se echaron las campanas a bando, hubo salvas de artillería, y todas las músicas fueron a la Puerta del Pilar a acompañar al Pueblo, que todo en masa fue a dar las gracias a Nuestra Señora, pareciendo una noche de la más completa victoria.

Esta novedad hizo tanto eco a los enemigos, que por espacio de tres horas, suspendieron sus fuegos, pero dadas las 10 lo empezaron con tanta furia que no hay memoria de igual. Los enfermos siguieron en el mayor aumento, y no hubo carne ni aun para ellos, ni pan blanco. La pólvora se llevó de la bodega de la Parroquia de la Seo al Convento de Santa Lucía con el mayor riesgo.

 

Martes 17 de enero de 1809

Este fue uno de los más terribles, pues irritados los enemigos con lo ocurrido en la noche anterior, no cesaron un instante hasta el anochecer, causando muchas ruinas en los edificios, aunque no en las personas, habiendo tenido que retirar los cañones de la batería de Palafox, por haber aproximado tanto las suyas y habernos muerto y herido algunos artilleros.

 

Miércoles 18 de enero de 1809

Hoy el fuego fue el más corto de estos nueve días, en los que han tirado pasadas de 6.000 entre bombas y granadas. Los enemigos adelantaron las baterías y fortificaciones, poniendo una en el mismo puente de San José de cuatro cañones, y otra en la torre de Belchite, pasándose hacia Torrero por el Ebro, y aproximándose los que estaban en Villamayor, poniendo también otra detrás de la torre de la Bernardona. Por todo ello mandó Su Excelencia hacer cortaduras en las calles y fosos a la entrada de la Ciudad para ponerla en el estado de la más completa defensa.