Plaza de Santa Engracia y Glorieta Sasera

 
 


 
 
A la misma orilla del río Huerva -que discurre bajo el actual Paseo de la Constitución y ocupando todo el solar que va desde la Plaza de Aragón hasta más allá de Isaac Peral, se alzaba en 1808 la imponente mole del Real Monasterio de los Jerónimos de Santa Engracia, también llamado Santuario de las Santas Masas.

Era éste un vastísimo conjunto de edificios adosados, con piezas arquitectónicas de incalculable valor, y que albergaba -además de las preciadas reliquias de los Innumerables Mártires cristianos- una enorme biblioteca, considerada entre las mejores de España.

Parcialmente destruido durante los Sitios, fue demolido definitivamente en 1836, aunque conservaba todavía partes muy interesantes pues había sido pacientemente restaurado por los monjes jerónimos. El pórtico de la iglesia actual (de Gil Morlanes), es el único vestigio de su anterior esplendor que ha llegado hasta nosotros.

Los gruesos muros del monasterio y su inmediata proximidad a la Puerta de Santa Engracia (que abría el acceso a la ancha calle de su mismo nombre, hoy Paseo de la Independencia) lo convirtieron en pieza importante de los planes de defensa.

Durante el Primer Asedio, los violentos combates del aciago 4 de Agosto -cuyo envite más peligroso tuvo lugar precisamente por esta zona- llevaron la lucha al interior del recinto. Sus venerables escalinatas y corredores, desde las criptas a los tejados, fueron testigos del ardor con el que monjes y paisanos, codo con codo, intentaron detener sin éxito, el empuje napoleónico; el monasterio, al fin, fue rebasado. Es legendaria la brava defensa de la Cripta de los Innumerables Mártires que el monje de este monasterio, Pedro Bretón, con los galones de sargento sobre el sayal, llevó a cabo con ocho de sus compañeros.

Habiendo arremetido los franceses simultáneamente por varios puntos del perímetro, la necesaria distracción de fuerzas debilitó la defensa, permitiendo a los invasores pasar, que llegaron hasta la actual Plaza de España, donde fueron finalmente detenidos.

 
 


 


Días después, las graves noticias de Bailén -Lejeune habla de una orden terminante del propio rey José I- obligaron al ejercito invasor a retirarse sin haber  conseguido tomar la ciudad.
En su evacuación incendiaron cuanto quedaba atrás, por otra parte brutalmente expoliado. Todavía, en siniestra despedida, habían de volar la iglesia alta de Santa Engracia, a la medianoche del día 13 de agosto.
El Marqués de Ayerbe cuenta en sus "Memorias" que los zapadores galos, en la precipitación de su retirada,  volaron junto con el monasterio, a 200 de sus propios camaradas, que aún no habían abandonado el edificio.

La experiencia del Primer Sitio reveló que esta zona era sin lugar a dudas, una de las más débiles. Por tal motivo se fortaleció su defensa de cara al previsible Segundo Sitio. El 9 de Agosto, desde Burgos -a donde se había retirado ante la amenaza del ejército español de Andalucía- José I envió a su hermano Napoleón noticias detalladas de la situación. Ese mismo mes de agosto, un enfurecido Emperador ordenó a su Grande Armée dirigirse a España, con gran pertrecho de guerra. El 7 de septiembre además, Napoleón publicó un decreto por el que se creaba un nuevo Ejército de España, a cuyo mando puso sus más prestigiosos generales: Ney, Soult, Suchet, Lannes... Eran negros presagios de futuro.

Además de abrir profundas zanjas y elevar parapetos fortificados (aprovechando incluso las grandes piedras sueltas por las voladuras), se edificó en la orilla derecha del Huerva, a la entrada del puente que iba a parar frente a la Puerta de Santa Engracia, el llamado Reducto del Pilar.

 
 
Era un pieza rectangular, protegida por un foso de tres metros de profundidad, con ocho cañones y 400 hombres, al mando del capitán Mariano Galindo, de los Voluntarios de Aragón. Sobre su puerta, clavado, el conocido lema:

Reducto de la Virgen del Pilar, inconquistable debido a tan sagrado nombre. Zaragozanos: venced o morid por la Virgen del Pilar.

 
 
En efecto, iniciado el segundo ataque contra Zaragoza (21 de diciembre de 1808), la formidable respuesta de los españoles frustró la intención de los invasores de obtener una solución rápida al conflicto. La solidez de las nuevas fortificaciones zaragozanas, y el numeroso contingente de defensores apostados tras ellas, aconsejaron un cambio de táctica.

Empezó así una meticulosa construcción de trincheras y baterías de sitio, que paulatina e inexorablemente irían cerrando el cerco. A pesar de las enormes dificultades, retrasos y pérdidas que los aragoneses provocaban con sus certeros disparos, e incluso con esporádicas incursiones en campo enemigo.

Terminada la lenta -pero firme- operación los sitiadores dieron comienzo a un asalto sistemático: cayó el 12 de enero el Convento de San José, en el que se apoyaba la defensa del Reducto del Pilar. El 15, desprovisto del apoyo, cayó el Reducto. El artífice de tan laboriosa -pero terriblemente eficaz- disposición, fue el General André Bruno Lacoste, Jefe del Servicio de Ingenieros del ejército sitiador, veterano luchador y muy cercano a Napoleón. Su planificación fue tan determinante en el éxito del asalto, como la de Sangenís lo fue en el de la defensa. Y al igual que éste, moriría también de una bala perdida, inspeccionando los trabajos del frente.
 

 
  Con toda la margen derecha del río, de dominio absoluto francés y amparándose en su fuego, se fueron tendiendo puentes protegidos. El 25 de enero se terminó el tercero, y el 27 los minadores reventaban los muros del Monasterio de Sta. Engracia: la puerta de la ciudad quedaba abierta a los invasores. En esta segunda acción contra el Monasterio de Sta. Engracia, participó en la colocación de minas primero, y en el asalto después, el propio Lejeune, tantas veces citado, que era oficial de Ingenieros.

Al atravesar uno de los claustros, fue herido gravemente en la espalda por un rebote de bala de cañón. Situación ésta que inspiró su famoso cuadro "Ataque al convento de Sta. Engracia, el 27 de enero de 1809", en donde se representó a sí mismo, tendido en medio del combate (la herida de la cabeza -un culatazo- la había recibido pocas horas antes, en el asalto al convento de Sta. Mónica), auxiliado por su camarada Valazé, mientras el propio Lacoste dirige el ataque.

 
 




















Obelisco
Dibujo de
BLASCO IJAZO, J. Aquí Zaragoza, tomo 4, p. 34, El Noticiero, 1953.

El Reducto se hallaba situado en la actual glorieta Sasera. El 29 de enero de 1909 se inauguró un sencillo monumento conmemorativo. Se trataba de un obelisco diseñado por el arquitecto Ricardo Magdalena Tabuenca con dos inscripciones. En la superior se recordaba parte del lema de la posición:

"¡ZARAGOZANOS!: POR LA VIRGEN DEL PILAR. MORIR O VENCER. 1808."

Más abajo se leía:

"A LOS HEROICOS DEFENSORES DEL REDUCTO DEL PILAR. PRIMER CENTENARIO DE LOS SITIOS. 1908."

Actualmente se recuerda la defensa de este punto con el grupo escultórico de Federico Amutio, con el que consiguió una medalla en la Exposición Nacional de 1892. Titulado Por la Patria 1908, representa a un paisano que blande un fusil por encima de su cabeza, presumiblemente por haber agotado las municiones. A sus pies, otro combatiente caído y una bandera equilibran la composición. En el pedestal se lee:

"POR LA VIRGEN / DEL PILAR. / VENCER O MORIR. / MDCCCVIII"



Instantáneas aragonesas desde comienzo de siglo.
Publicación de la Caja de Ahorros y MP de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1982.
Página 159.


 
 
 Vista general en la actual Glorieta Sasera

Detalle de la escultura en bronce
 
 


 
A mitad de camino entre Santa Engracia y el Reducto se encuentra el Palacio de Capitanía. Aunque sólo es visitable con la oportuna autorización, allí se puede admirar una estatua de Palafox. Fue realizada por el escultor Dionisio Lasuén en 1891 y fue fundida en la Real Maestranza de Sevilla.

Para más información, ver La Huerta de Santa Engracia